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El ADN revela sacrificios con sesgo de género en una antigua ciudad china

El ADN extraído de restos humanos en las ruinas de Shimao, en el norte de China, ha expuesto una práctica brutal y profundamente sesgada por género: la mayoría de los sacrificados ritualmente eran hombres no emparentados...

El ADN extraído de restos humanos en las ruinas de Shimao, en el norte de China, ha expuesto una práctica brutal y profundamente sesgada por género: la mayoría de los sacrificados ritualmente eran hombres no emparentados, probablemente cautivos de grupos rivales, mientras que las mujeres locales fueron enterradas con mucho más honor. El hallazgo, publicado por un equipo internacional de genetistas y arqueólogos, ofrece una rara visión molecular de cómo una de las ciudades más antiguas de China mantenía el control mediante la violencia y el parentesco.

Una ciudad de piedra, sangre y ritual

Shimao, un asentamiento masivo de piedra construido hace unos 4.300 años en lo que hoy es la provincia de Shaanxi, no era una aldea común. Sus murallas encerraban una sociedad compleja con plataformas de tierra apisonada, artefactos de jade y evidencia de sacrificio humano a una escala nunca vista en la China prehistórica. Los investigadores analizaron el ADN de decenas de esqueletos encontrados en fosas de sacrificio y tumbas. Los resultados mostraron una división marcada: los sacrificados eran casi exclusivamente hombres y genéticamente distintos de la población local, lo que sugiere que provenían de comunidades externas, posiblemente capturados en incursiones o guerras. En contraste, las mujeres locales enterradas en el mismo período a menudo iban acompañadas de bienes elaborados, lo que indica que tenían un estatus significativo dentro del grupo.

Por qué a los locales les importaba la sangre extranjera

Para la gente de Shimao, la distinción entre interno y externo era cuestión de vida o muerte. La evidencia genética apunta a una sociedad que se definía a través de la descendencia patrilineal, donde los hombres locales transmitían su linaje y los hombres extranjeros eran prescindibles. Los varones sacrificados podrían haber sido prisioneros de guerra, ofrecidos a fuerzas sobrenaturales para legitimar el poder de los gobernantes. Los residentes locales habrían visto estos rituales como esenciales para mantener el orden cósmico y la estabilidad política. Los entierros privilegiados de las mujeres, por su parte, sugieren que la identidad femenina y la reproducción eran centrales para la continuidad de la comunidad, incluso mientras los hombres forasteros soportaban el peso de su violencia.

El estudio, dirigido por investigadores de China y Europa, utilizó secuenciación avanzada de ADN para rastrear patrones de parentesco a lo largo de múltiples generaciones. Encontró que la élite de Shimao practicaba una forma de organización social que combinaba fronteras estrictas con alianzas estratégicas, probablemente a través de matrimonios mixtos con grupos vecinos. Este registro genético coincide con los relatos históricos de los primeros estados chinos, pero también los complica al mostrar que el sacrificio no era una práctica uniforme, sino algo profundamente ligado al género y al origen.

Una nueva perspectiva sobre la formación del estado temprano

La historia del ADN de Shimao hace más que iluminar un sitio. Revela cómo los gobernantes antiguos en China usaban la diferencia biológica para justificar la jerarquía política, un patrón que podría resonar en otras civilizaciones tempranas. Los hallazgos también desafían las suposiciones de que las sociedades prehistóricas eran simples o igualitarias. En Shimao, la identidad estaba escrita en los huesos, y los muertos aún hablan a los vivos sobre los costos de construir un estado.

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