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Células cerebrales del ADN humano más antiguo marcan el tiempo como un reloj

En un laboratorio de Copenhague, científicos han cultivado células cerebrales a partir del ADN humano más antiguo jamás utilizado en un experimento de este tipo, y las células hicieron algo inesperado: registraron el paso del...

En un laboratorio de Copenhague, científicos han cultivado células cerebrales a partir del ADN humano más antiguo jamás utilizado en un experimento de este tipo, y las células hicieron algo inesperado: registraron el paso del tiempo. Las neuronas, derivadas de material genético antiguo, dispararon en patrones rítmicos que marcaban como un reloj interno, una característica nunca antes observada en células cultivadas en laboratorio de donantes modernos.

El descubrimiento surgió de un proyecto en la Universidad de Copenhague, donde los investigadores extrajeron ADN de restos de esqueleto encontrados en una turbera en Dinamarca. Los huesos datan de hace aproximadamente 5,000 años, situándolos en el período Neolítico. El equipo utilizó ese ADN antiguo para crear células madre, y luego indujo a esas células madre a convertirse en células cerebrales humanas. El resultado fue una placa de neuronas vivas con una herencia genética mucho más antigua que cualquier cultivo de laboratorio anterior.

Células que marcaban el tiempo por sí solas

El hallazgo más sorprendente fue la actividad espontánea de las células. Bajo un microscopio, las neuronas formaron redes y comenzaron a disparar en ráfagas regulares y repetitivas. Los investigadores describieron el patrón como una forma de medir el tiempo, como si las células contaran momentos por sí mismas. Este disparo rítmico fue consistente en múltiples cultivos, sugiriendo que no era ruido aleatorio sino una propiedad inherente de las neuronas antiguas.

El equipo comparó estas células derivadas de antiguas con neuronas cultivadas a partir de células madre humanas modernas. Las células modernas también dispararon, pero sus patrones eran menos regulares y menos pronunciados. Las células antiguas, por el contrario, mantuvieron una cadencia constante que los investigadores llamaron un "registro del tiempo". La diferencia sugiere que las instrucciones genéticas de hace 5,000 años pueden moldear cómo se comportan las células cerebrales a un nivel fundamental.

Por qué un cuerpo de turbera cambió el experimento

El ADN provino de un esqueleto bien conservado recuperado de una turbera danesa, un tipo de humedal que momifica naturalmente el material orgánico. Las condiciones frías y pobres en oxígeno mantuvieron el material genético lo suficientemente intacto para la secuenciación. Para la comunidad local, el hallazgo ya era significativo como una ventana a su pasado profundo. Pero los resultados de laboratorio convirtieron esa historia local en un primer científico global.

Los residentes del área cercana a la turbera sabían desde hace tiempo que el sitio contenía restos antiguos, y algunos habían hecho campaña por un estudio cuidadoso en lugar de una excavación. Cuando el ADN se usó para cultivar células cerebrales vivas, el proyecto atrajo la atención mucho más allá de Dinamarca. Los investigadores enfatizaron que las células no eran un cerebro completo, solo una red en miniatura, pero el comportamiento de medir el tiempo planteó preguntas sobre cómo los genes antiguos influyen en la función neural moderna.

El experimento no prueba que los antiguos percibieran el tiempo de manera diferente. Sí demuestra que la maquinaria molecular para la actividad rítmica puede sobrevivir en el ADN durante milenios y aún operar cuando se coloca en una célula viva. El tic-tac de las células no fue dirigido por ninguna señal externa, lo que significa que el patrón emergió del propio código genético.

Para los científicos, el trabajo abre una nueva forma de estudiar la evolución del cerebro humano. En lugar de depender solo de fósiles o tejido moderno, ahora pueden observar neuronas antiguas comportarse en tiempo real. El equipo danés planea probar ADN de otros períodos y regiones para ver si el patrón de medir el tiempo es universal o específico de esta población antigua. La turbera, una vez un lugar de muerte, se ha convertido en una fuente de células vivas que mantienen su propio ritmo antiguo.

Fuente: Phys.org

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