Templos en Tailandia se lanzan cohetes caseros entre sí en una rivalidad amistosa que forma parte de una antigua tradición Mon. El evento anual, conocido como el festival de cohetes Look Noo, atrae multitudes que vitorean mientras los cohetes de bambú cruzan el cielo.
Un cielo lleno de cohetes de bambú
El festival se llevó a cabo en Tailandia, donde varios templos se reunieron para competir. Cada templo construyó su propio cohete usando bambú y pólvora. El objetivo no era la destrucción sino la altitud y la distancia. Tanto aldeanos como monjes observaron cómo los cohetes se lanzaban desde simples soportes de madera. El sonido era fuerte. El humo era espeso. Y la emoción era real.
Una antigua tradición Mon aún viva
El festival Look Noo tiene sus raíces en las costumbres del pueblo Mon, un grupo étnico con una larga historia en el Sudeste Asiático. Durante generaciones, las comunidades Mon en Tailandia han celebrado este evento para marcar el inicio de la temporada de lluvias. Los lugareños creen que los cohetes envían una señal al cielo, pidiendo lluvia para nutrir los arrozales. El festival también es una oportunidad para que los templos muestren su artesanía y espíritu comunitario.
Por qué le importa a la gente local
Para la gente de estas aldeas tailandesas, el festival de cohetes es más que un espectáculo. Es una forma de preservar su herencia. La tradición Mon se ha transmitido de generación en generación durante siglos. Cada año, los equipos pasan semanas preparando sus cohetes, mezclando pólvora y atando bambú. La competencia es feroz pero de buen humor. Un templo que lanza el cohete más alto gana derechos de fanfarronería hasta el año siguiente. El festival también reúne a vecinos que quizás no se ven a menudo. Es un día de risas, orgullo e identidad compartida.
El festival de cohetes Look Noo muestra cómo los rituales antiguos pueden sobrevivir en la Tailandia moderna. Sin ninguna promoción oficial, el evento continúa porque las comunidades eligen mantenerlo vivo. Los cohetes pueden ser caseros y los lanzamientos pueden ser riesgosos, pero para la gente involucrada, la tradición vale la pena preservarla.