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La IA descifra la dieta de los animales al escuchar sus masticaciones

Un crujido, un chasquido, un triturado. El sonido de un animal masticando puede ser la clave para entender qué come, y los investigadores han entrenado inteligencia artificial para descifrar esos sonidos. Un nuevo estudio...

Un crujido, un chasquido, un triturado. El sonido de un animal masticando puede ser la clave para entender qué come, y los investigadores han entrenado inteligencia artificial para descifrar esos sonidos. Un nuevo estudio publicado en la revista Ecological Informatics revela que la IA puede identificar el tipo de alimento que un animal está consumiendo simplemente escuchando el ruido que hacen sus mandíbulas. El hallazgo abre una ventana no invasiva a las dietas de criaturas salvajes, desde peces hasta mamíferos, sin necesidad de capturarlos o diseccionarlos.

Cómo los datos de los crujidos se convirtieron en un menú

Científicos de la Universidad de California, Santa Bárbara y la Universidad de Washington lideraron la investigación. Grabaron los sonidos de masticación de 11 especies animales en entornos controlados, incluyendo rayas, tortugas y una iguana marina. A cada animal se le ofrecieron diferentes alimentos como calamar, camarón y almejas. Luego, el equipo introdujo esas grabaciones de audio en un modelo de aprendizaje automático. La IA aprendió a distinguir entre tipos de comida basándose en la firma acústica de cada mordisco. El modelo logró una alta precisión, identificando correctamente el alimento en la mayoría de los casos.

Por qué investigadores locales y conservacionistas tomaron nota

El estudio se realizó en Estados Unidos, pero sus implicaciones llegan mucho más lejos. Entender qué comen los depredadores es esencial para gestionar ecosistemas y proteger especies en peligro. Los métodos tradicionales a menudo implican análisis del contenido estomacal, que requiere matar al animal, u observación directa, que consume tiempo y a menudo es imposible en aguas turbias o bosques densos. El monitoreo acústico, por el contrario, es pasivo y continuo. Para biólogos marinos que estudian rayas o tortugas marinas frente a la costa de California, esta técnica podría revelar cambios en la disponibilidad de presas relacionados con el cambio climático o la sobrepesca. Grupos conservacionistas locales lo ven como una forma de rastrear la salud de las redes alimenticias sin molestar a los animales.

Del crujido de laboratorio a las grabaciones de campo

Los investigadores reconocen que el modelo actual fue entrenado en un entorno controlado. El ruido de fondo, el movimiento del agua y la alimentación simultánea de múltiples animales podrían complicar su uso en el mundo real. Aun así, son optimistas. El siguiente paso es probar el sistema en la naturaleza, colocando micrófonos submarinos en arrecifes o desplegando grabadoras de audio en hábitats terrestres. Si tiene éxito, el enfoque podría convertirse en una herramienta estándar para ecólogos. Les permitiría monitorear la dieta de forma remota, durante largos períodos y en especies que son difíciles de estudiar de otra manera.

Este estudio no afirma que la IA pueda reemplazar el trabajo de campo tradicional. Sin embargo, sugiere que el acto cotidiano de comer produce una gran cantidad de datos que apenas hemos comenzado a escuchar. El crujido de una concha o el desgarro de la carne contienen información, y las máquinas ahora pueden traducir ese ruido en conocimiento. Para los investigadores que intentan entender las vidas ocultas de los animales, ese es un sonido que vale la pena escuchar.

Fuente: Mongabay

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