Los lagos y humedales de Cachemira llevan décadas desapareciendo, y un nuevo estudio sugiere que el ritmo de pérdida podría estar superando los esfuerzos por salvarlos. La región, conocida por sus paisajes alpinos y sus icónicos cuerpos de agua como el lago Wular, ha visto un declive constante en sus áreas acuáticas desde los años ochenta, según una investigación reciente.
Una crisis ambiental en cámara lenta
El estudio, publicado por investigadores que rastrean cambios en el uso del suelo, encontró que los cuerpos de agua de Cachemira se han contraído de manera constante durante las últimas cuatro décadas. Usando imágenes satelitales y estudios de campo, el equipo mapeó los límites cada vez más reducidos de lagos, marismas y estanques en todo el valle. Las pérdidas más dramáticas ocurrieron en cuerpos de agua más pequeños, muchos de los cuales han desaparecido por completo, mientras que lagos más grandes como el Wular se han ido llenando de sedimentos y algas.
El declive no es uniforme. Algunas áreas han perdido más de la mitad de su cobertura de humedales, mientras que otras han visto una erosión más lenta pero constante. Los investigadores atribuyen la tendencia a una combinación de factores, incluyendo la expansión urbana, la invasión agrícola y la construcción de carreteras y edificios que interrumpen el flujo natural del agua. En muchos casos, las comunidades locales han construido casas y granjas en antiguos lechos de lagos, a menudo sin permiso formal.
Por qué los cachemires ven desaparecer su agua
Para la gente que vive en Cachemira, la pérdida no es solo un problema ambiental. Los lagos y humedales de la región sustentan la pesca, la agricultura y el turismo, y actúan como barreras naturales contra inundaciones. El lago Wular, uno de los lagos de agua dulce más grandes de Asia, es un sustento para miles de familias que dependen de sus peces y juncos. Cuando el agua retrocede, también lo hacen sus medios de vida.
Los conservacionistas locales han impulsado proyectos de restauración, y el gobierno ha designado varios humedales como áreas protegidas. Pero la nueva investigación cuestiona si estas medidas son suficientes. El estudio señala que, aunque el estatus de protección existe en papel, la aplicación suele ser débil, y el desarrollo continúa infiltrándose en zonas vulnerables. En algunos casos, los esfuerzos de conservación se han centrado en lagos individuales, pero el paisaje más amplio sigue degradándose.
Los investigadores también señalan la falta de monitoreo a largo plazo. Sin datos consistentes, argumentan, es difícil saber qué intervenciones están funcionando y cuáles no. Piden un enfoque más integrado que considere toda la cuenca hidrográfica, no solo cuerpos de agua aislados.
Una carrera entre pérdida y restauración
Los hallazgos llegan en un momento en que Cachemira ya enfrenta estrés hídrico, con algunos distritos reportando niveles de agua subterránea más bajos y arroyos estacionales secándose antes de lo habitual. El declive de los cuerpos de agua superficiales agrava estas presiones, haciendo que la región sea más vulnerable tanto a sequías como a inundaciones.
Los proyectos de conservación han mostrado cierto progreso. En ciertas áreas, los esfuerzos liderados por la comunidad para limpiar y dragar lagos han ayudado a revivir poblaciones de peces y atraer aves. Pero estos éxitos son localizados, y la tendencia general sigue siendo negativa. Los autores del estudio dicen que revertir el declive requerirá no solo más proyectos, sino un cambio fundamental en cómo se gestionan la tierra y el agua.
Por ahora, la pregunta es si Cachemira puede frenar la pérdida antes de que sus aguas más icónicas se conviertan en recuerdos. La investigación no ofrece respuestas fáciles, pero deja una cosa clara: el reloj avanza y la magnitud del desafío es enorme.