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Cómo las orugas de seda de Madagascar están salvando el bosque

En Madagascar, una oruga que produce seda marrón está dando a los agricultores locales una razón para mantener los bosques en pie. La polilla de seda Suraka, Antherina suraka, es nativa de la isla y sus orugas producen una seda...

En Madagascar, una oruga que produce seda marrón está dando a los agricultores locales una razón para mantener los bosques en pie. La polilla de seda Suraka, Antherina suraka, es nativa de la isla y sus orugas producen una seda silvestre que se puede cosechar sin matarlas. Ese simple hecho biológico se ha convertido en una estrategia de conservación que vincula los ingresos con árboles intactos.

Una cosecha de seda que deja viva a la oruga

Los agricultores de la región de Maroantsetra, en el noreste de Madagascar, han aprendido un nuevo método. Crían las orugas en árboles hospederos en sus campos o en bosques cercanos. Cuando las orugas tejen sus capullos, los agricultores recogen la seda. Pero lo hacen con cuidado, dejando viva a la pupa en el interior. La polilla finalmente emerge, se aparea y pone huevos para la próxima generación. La seda luego se hila y se teje en tela.

La técnica fue desarrollada por una organización llamada CPALI, que significa Conservación a través de la Reducción de la Pobreza. El grupo capacita a los agricultores locales en lo que llaman el método CPALI. El objetivo es crear un producto que tenga valor en el mercado global mientras se mantiene intacto el ecosistema forestal. Los agricultores ganan dinero con la seda, lo que les da una alternativa a talar tierras para cultivar arroz u otros cultivos.

Por qué a la gente local le importan las orugas

Para la gente de Maroantsetra, el bosque no son solo árboles. Es la fuente de su sustento. Pero la agricultura tradicional a menudo requiere talar árboles para plantar cultivos. Eso lleva a la deforestación, que amenaza la vida silvestre única de la isla. Madagascar es famosa por sus lémures y camaleones, pero sus bosques están desapareciendo rápidamente.

El proyecto de las orugas de seda ofrece un camino diferente. Los agricultores no necesitan talar árboles para criar las orugas. Las orugas se alimentan de las hojas de árboles nativos, por lo que mantener esos árboles saludables es bueno para el negocio. Cuantos más árboles tenga un agricultor, más orugas podrá criar. Cuantas más orugas críe, más seda podrá vender. Esa lógica económica ha convertido al bosque de un obstáculo en un activo.

Un modelo que podría expandirse

El proyecto aún es pequeño, pero ha atraído la atención de grupos de conservación y compradores de textiles. La seda en sí es inusual. No es blanca como la seda de los gusanos de seda domesticados. Es de un color marrón natural y tiene una textura áspera y ligeramente rugosa. Eso la hace distintiva en el mundo de la moda, donde hay una creciente demanda de materiales sostenibles y poco comunes.

CPALI también ha trabajado con artesanos locales para desarrollar productos como bufandas y bolsos. El objetivo es construir un mercado que pueda apoyar a más agricultores. Si el mercado crece, más agricultores tendrán una razón para mantener sus bosques en pie. Las orugas no son una solución para todos los problemas de conservación de Madagascar. Pero son un recordatorio de que a veces la mejor herramienta para salvar un bosque es algo que vive dentro de él.

Fuente: Mongabay

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