Un turista ucraniano en Hawái es acusado de lanzar una roca a una foca monje hawaiana en peligro crítico de extinción. Su abogado dice que intentaba proteger a las tortugas marinas.
La roca y la foca descansando
El incidente ocurrió el 26 de mayo de 2026 en la isla de Oahu. Igor Lytvynchuk, de 47 años, supuestamente lanzó una roca a una foca monje hawaiana que descansaba en una playa. La foca no fue golpeada. Testigos reportaron el acto a las autoridades. Lytvynchuk fue arrestado y acusado de un delito federal bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción y la Ley de Protección de Mamíferos Marinos.
La explicación del abogado: defensa de tortugas
El abogado de Lytvynchuk, Michael Green, le dijo al tribunal que su cliente actuó por preocupación por las tortugas marinas. Green dijo que Lytvynchuk creía que la foca estaba a punto de atacar a las tortugas cercanas. El abogado argumentó que su cliente no tenía la intención de lastimar a la foca. Dijo que Lytvynchuk lanzó la roca cerca de la foca, no hacia ella, para ahuyentarla de las tortugas. Los fiscales federales no están de acuerdo. Dicen que la evidencia muestra que Lytvynchuk lanzó la roca directamente a la foca.
Por qué los locales se indignaron
Las focas monje hawaianas son uno de los mamíferos marinos más amenazados del mundo. Solo quedan alrededor de 1,500. Están protegidas tanto por la ley federal de EE. UU. como por la ley estatal de Hawái. Las focas suelen salir a las playas a descansar, y los locales están acostumbrados a compartir la costa con ellas. Muchos residentes ven a estos animales como parte del patrimonio natural de Hawái. La idea de que un turista atacara a una, incluso con una roca lanzada cerca, enfureció a muchos. El caso ha atraído una atención generalizada en Hawái y más allá.
Qué sigue
Lytvynchuk enfrenta hasta un año de prisión y una multa de hasta 50,000 dólares si es declarado culpable. Tiene programado comparecer ante un tribunal federal en Honolulu el 10 de junio. La foca involucrada en el incidente no resultó herida y ha sido vista descansando en la misma playa desde el suceso. El caso resalta la tensión entre la actividad humana y la protección de la vida silvestre en un lugar donde animales en peligro de extinción y turistas comparten las mismas islas pequeñas.