Un organismo unicelular que puede agruparse con otros de su misma especie está dando a los científicos una nueva mirada a los momentos más tempranos de la evolución animal. El microbio, un pariente de los coanoflagelados, no solo se adhiere a superficies. Se agrega activamente, formando grupos multicelulares temporales. Ese comportamiento, dicen los investigadores, podría reflejar el paso antiguo que llevó a los primeros animales.
Un microbio que prefiere la compañía a la soledad
El organismo fue recolectado de sedimentos marinos cerca de la costa de España. Investigadores del Instituto de Biología Evolutiva en Barcelona y sus colaboradores lo identificaron como una especie previamente desconocida de coanoflagelado, un grupo de eucariotas unicelulares considerados los parientes vivos más cercanos de los animales. A diferencia de muchos coanoflagelados que viven solos o forman colonias simples al no separarse tras la división celular, este usa una estrategia diferente. Reúne células mediante adhesión activa, un proceso que requiere energía y señales moleculares específicas.
Cómo el pegarse cambia el juego
Cuando escasea la comida, las células comienzan a agruparse. No se fusionan en un solo cuerpo. En cambio, se sostienen entre sí usando proteínas en sus superficies, formando grupos sueltos y reversibles. Los investigadores observaron que los grupos pueden romperse y reformarse, lo que sugiere un sistema flexible de reconocimiento célula a célula. Este tipo de multicelularidad por agregación es raro entre los coanoflagelados y no se había visto antes en este linaje. El hallazgo sugiere que el kit genético para pegarse pudo haber existido mucho antes de que evolucionaran los verdaderos animales multicelulares.
Por qué esto importa para entender nuestros propios orígenes
Para los biólogos locales en España, el descubrimiento añade una nueva pieza al rompecabezas de cómo la vida dio el salto de células individuales a cuerpos complejos. El coanoflagelado fue encontrado en una región ya conocida por su rica diversidad microbiana, y su comportamiento ofrece un ejemplo concreto de cómo pudo haber evolucionado la adhesión celular simple. El estudio, publicado en Nature, muestra que los genes involucrados en esta agregación son similares a los que usan los animales para la comunicación celular y la formación de tejidos. Ese solapamiento genético fortalece la idea de que los ancestros de los animales eran capaces de cooperación temporal mucho antes de volverse permanentemente multicelulares.
Este pariente unicelular no prueba que los animales evolucionaron a partir de microbios que se agregan. Pero sí muestra que la capacidad de agruparse bajo demanda es más antigua y más extendida de lo que se sabía. Los grupos se forman, se disuelven y se vuelven a formar, un recordatorio silencioso de que la línea entre estar solo y estar juntos no siempre es clara.