El agua del Mar Menor se está envenenando a sí misma. Un nuevo estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) en España ha descubierto que más del 90% de los nutrientes clave que están destruyendo esta laguna costera, incluidos amonio, fósforo y sílice, no llegan de ríos ni aguas subterráneas. En cambio, el agua de la propia laguna se filtra en los sedimentos, recoge décadas de nutrientes acumulados y luego resurge cargada de contaminantes.
El bucle oculto que mantiene enferma la laguna
Los investigadores descubrieron un ciclo lento pero implacable. El agua del Mar Menor se filtra hacia abajo a través del lecho marino. Dentro del sedimento, disuelve nutrientes que se han acumulado durante años por la escorrentía agrícola y otras fuentes. Esa agua rica en nutrientes luego sube de nuevo a la laguna. Este mecanismo de reciclaje interno, pasado por alto anteriormente, ahora parece ser la fuente dominante de la contaminación que ha provocado mortandades masivas de peces y floraciones de algas en los últimos años.
El estudio desafía directamente los planes actuales de restauración del Mar Menor. Esas estrategias se centran en cortar las fuentes externas de contaminación, como los fertilizantes que llegan de las granjas cercanas. Pero los nuevos hallazgos sugieren que, incluso si toda la contaminación externa se detuviera mañana, la laguna continuaría degradándose desde dentro. Los sedimentos actúan como una batería de liberación lenta de nutrientes, alimentando constantemente el agua con los mismos compuestos que causan su colapso ecológico.
Por qué esto importa para la gente de la región
El Mar Menor es la laguna de agua salada más grande de Europa, ubicada en la costa de Murcia, en el sureste de España. Es un recurso económico y ecológico vital. Las comunidades pesqueras locales, los operadores turísticos y los residentes han visto cómo la laguna se volvía verde por las algas y sufría repetidas mortandades de vida marina. El gobierno regional ha invertido fuertemente en medidas para reducir la entrada de nutrientes de la agricultura y la escorrentía urbana. Esta nueva investigación sugiere que esos esfuerzos, aunque necesarios, pueden no ser suficientes para revertir el daño.
El investigador principal del ICTA-UAB explicó que la carga interna de nutrientes es tan significativa que los planes de restauración deben rediseñarse para abordar directamente el problema de los sedimentos. Sin intervención, la laguna podría quedar atrapada en un estado de eutrofización crónica durante años o décadas.
Una crisis silenciosa bajo la superficie
La conclusión del estudio es cruda. El mecanismo de infiltración y reemergencia del agua desde los sedimentos ha sido ignorado en gran medida en la gestión ambiental. El Mar Menor no es solo víctima de lo que fluye hacia él. Se ha convertido en su propio peor contaminante. Los hallazgos obligan a científicos y políticos a mirar debajo de la superficie, literalmente, para entender por qué la laguna no se está recuperando a pesar de los esfuerzos por limpiar sus orillas.