Un ave que los científicos creían que era una especie rara en Japón resultó ser dos. El descubrimiento no llegó por diferencias en las plumas, sino por el ADN y el canto. Japón no veía una nueva especie de ave descrita desde 1982.
Una curruca que se veía igual pero no lo era
La curruca de Ijima vive solo en dos grupos de islas en Japón: las islas Izu al sur de Tokio y las islas Tokara, unos 1.000 kilómetros más al suroeste. Durante décadas, los ornitólogos las trataron como una sola especie. Luego, hace diez años, los investigadores notaron diferencias genéticas entre las dos poblaciones. Lanzaron una investigación completa. Analizaron secuencias de ADN, estudiaron especímenes de museo e hicieron trabajo de campo en las islas. Los análisis del genoma completo confirmaron que las aves de las islas Tokara eran genéticamente distintas. También diferían sus cantos. La curruca de Tokara, nombrada oficialmente Phylloscopus tokaraensis, se convirtió en la primera nueva especie de ave en Japón en más de cuatro décadas.
Por qué les importa a los locales y a los científicos
Las islas Tokara cubren poco más de 100 kilómetros cuadrados en doce islas. Eso es menos superficie que la isla sueca de Fårö. Tanto la curruca de Ijima como la nueva curruca de Tokara ocupan hábitats insulares pequeños. Sus poblaciones son limitadas en tamaño. Los investigadores encontraron que ambas especies tienen una diversidad genética muy baja. Eso las hace más vulnerables a cambios ambientales, presiones del hábitat y enfermedades. Para las comunidades locales y los conservacionistas, el descubrimiento significa que ahora dos especies raras necesitan atención en lugar de una.
Un descubrimiento silencioso pero significativo
Per Alström de la Universidad de Uppsala, uno de los investigadores que describió la nueva especie, señaló que la curruca de Tokara es críptica y difícil de definir. En apariencia, no se diferencia de la curruca de Ijima. Solo los análisis de ADN y las diferencias en el canto muestran que es una especie separada. El hallazgo resalta cómo las herramientas genéticas pueden descubrir biodiversidad oculta que de otro modo pasaría desapercibida. En una época de pérdida global de biodiversidad, estos métodos proporcionan un conocimiento más completo para futuros esfuerzos de conservación.