Durante décadas, el cerebro fue visto como una fortaleza inmune, aislado de las defensas del cuerpo. Ahora, investigadores de Stanford han descubierto que esta fortaleza tiene una puerta abierta de par en par: grandes cantidades de células inmunes de la sangre inundan el cerebro humano a partir de la mediana edad, transformándose en microglía, las células inmunes propias del cerebro. El hallazgo, publicado en Nature, derriba una suposición de larga data de que el sistema inmunológico del cerebro opera de forma aislada durante toda la vida.
Una invasión celular sorprendente
El estudio, liderado por Julia Belk, becaria posdoctoral en patología en Stanford Medicine, y el autor principal Siddhartha Jaiswal, profesor asociado de patología, comenzó con una pista desconcertante. En trabajos anteriores, el equipo analizó datos genéticos de miles de personas, algunas seguidas durante décadas. Encontraron que las personas que portaban ciertos clones de células inmunes de células madre sanguíneas mutadas tenían mucho menos probabilidades de desarrollar Alzheimer. Eso planteó una pregunta audaz: ¿podrían estas células inusuales estar interactuando con el cerebro?
Los investigadores luego encontraron evidencia de que algunas de esas células mutantes podían entrar al cerebro mismo. Esto los llevó a preguntarse algo más amplio: ¿las células inmunes de la sangre entran rutinariamente en los cerebros de las personas a medida que envejecen? La respuesta, descubrieron, es sí. Las células se originan en la médula ósea, viajan a través del torrente sanguíneo y cruzan al tejido cerebral, donde asumen el papel de microglía.
Por qué esto importa para el envejecimiento cerebral
El hallazgo desafía la visión tradicional de que la microglía, las células inmunes especializadas del cerebro, permanece en gran medida separada del sistema inmunológico del cuerpo. La barrera hematoencefálica, que durante mucho tiempo se pensó que mantenía fuera a la mayoría de las células, no detiene esta afluencia. El estudio fue apoyado en parte por la Iniciativa Knight para la Resiliencia Cerebral en el Instituto Wu Tsai de Neurociencias.
Belk, cuyo camino hacia la neurociencia comenzó en ciencias de la computación y formación interdisciplinaria en Stanford, describió el descubrimiento en términos simples: "Normalmente pensamos en el cerebro como un sistema cerrado. Lo que encontramos es que en realidad muchas células inmunes entran al cerebro humano durante el envejecimiento".
Las implicaciones son significativas. Entender cómo estas células entran al cerebro y qué hacen allí podría remodelar la comprensión de los científicos sobre el envejecimiento cerebral y abrir nuevas posibilidades para tratar enfermedades neurológicas. El estudio también destaca el papel de la hematopoyesis clonal de potencial indeterminado, una condición que se encuentra en una minoría de personas, donde células madre sanguíneas mutadas producen clones de células inmunes distintivos. Aunque esta condición es rara, el hallazgo más amplio sugiere que el cerebro envejecido está mucho más conectado al sistema inmunológico del cuerpo de lo que se creía anteriormente.
Una nueva visión de las defensas del cerebro
Para los investigadores locales y la comunidad científica en general, este trabajo es una llamada de atención. El cerebro no es un órgano aislado, sino parte de un sistema dinámico donde las células inmunes del cuerpo juegan un papel activo en el envejecimiento. El descubrimiento podría llevar a nuevas estrategias para prevenir o tratar condiciones neurológicas relacionadas con la edad, aunque queda mucho por saber sobre cómo estas células infiltrantes afectan la función cerebral.
Como muestra el estudio, el cerebro envejecido no es un sistema cerrado. Es un lugar donde las células inmunes del cuerpo vienen a quedarse, y eso cambia la imagen de lo que sucede a medida que envejecemos.