Partes de la Ciudad de México se están hundiendo a ritmos que sorprendieron incluso a los científicos que observaban desde el espacio. Una misión satelital conjunta entre Estados Unidos e India ha medido que el suelo se hunde hasta 1.6 pulgadas por año en algunos vecindarios, un ritmo que amenaza edificios, tuberías de agua y la vida diaria de millones.
Una ciudad construida sobre una esponja que se seca
La Ciudad de México está asentada sobre un antiguo lecho lacustre. La arcilla blanda que hay debajo alguna vez flotó sobre el agua. Durante décadas, los residentes y las industrias han bombeado agua subterránea del acuífero, y a medida que el agua desaparece, el suelo se comprime y se hunde. Este proceso, llamado subsidencia, no es nuevo. Pero los nuevos datos del satélite NISAR, una colaboración entre la NASA y la Organización de Investigación Espacial de la India, muestran qué tan desigual y extremo se ha vuelto el hundimiento.
Donde el suelo está cediendo
El satélite mapeó toda el área metropolitana desde la órbita entre febrero y abril de 2025. Encontró que algunos distritos del centro y el este se están hundiendo más de una pulgada por año. En los peores puntos, el suelo cae más de cuatro pulgadas al año. Mientras tanto, otras partes de la ciudad se mantienen relativamente estables. Ese hundimiento desigual pone presión sobre la infraestructura: las líneas del metro se doblan, las calles se agrietan y los sistemas de alcantarillado pierden su pendiente, provocando atascos e inundaciones.
Las autoridades locales y los urbanistas sabían desde hace tiempo que la ciudad se está hundiendo, pero carecían de este nivel de detalle. Los datos de NISAR les ofrecen una imagen cuadra por cuadra de dónde se mueve más rápido el suelo. Eso importa porque la Ciudad de México alberga a más de 21 millones de personas. Cuando el suelo se hunde de manera desigual, el daño no es solo estético, puede hacer que los edificios sean inseguros y forzar el sistema de agua, que ya está batallando.
Por qué esto importa más allá de México
La misión es un esfuerzo conjunto entre Estados Unidos y la India, y sus hallazgos en la Ciudad de México son una prueba de concepto. NISAR está diseñado para monitorear la superficie de la Tierra a nivel global, rastreando cambios en hielo, bosques y movimiento del suelo. La misma tecnología que detectó la subsidencia en México puede usarse para detectar hundimientos en otras ciudades del mundo, desde Yakarta hasta Venecia y Tokio, donde el bombeo de agua subterránea está causando problemas similares.
Por ahora, los datos le ofrecen a la Ciudad de México algo que nunca había tenido: un mapa preciso y actualizado de dónde se está hundiendo más rápido el suelo. Si eso lleva a cambios de políticas o soluciones de ingeniería depende de los líderes locales. Pero el satélite ha hecho su trabajo. Ha mostrado, con gran detalle, que el suelo bajo los pies de millones se está moviendo, y no se detiene.