La Ciudad de México se está hundiendo, en algunos lugares, hasta cinco pulgadas al año. Una misión satelital conjunta de la NASA y la ISRO ha producido el mapa más detallado hasta ahora del implacable hundimiento de la capital, revelando que el suelo bajo millones de personas se está comprimiendo a tasas desiguales y alarmantes.
El suelo cede bajo una megaciudad
Usando datos de radar del satélite NISAR, los científicos midieron cómo la superficie terrestre en la Ciudad de México cambió entre 2020 y 2023. El mapa, publicado por el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, muestra parches azules donde la ciudad se hunde más rápido, hasta 13 centímetros al año. Las áreas amarillas y verdes se hunden más lentamente. El aeropuerto, un importante centro de transporte, se encuentra dentro de una de las zonas de hundimiento más rápido.
Por qué se hunde la ciudad, y quién la observa
La Ciudad de México fue construida sobre un antiguo lecho lacustre. La arcilla blanda debajo ha sido propensa a la compactación durante mucho tiempo, pero el principal impulsor ahora es la extracción de agua subterránea. A medida que los residentes y las industrias bombean agua de los acuíferos subterráneos, el suelo colapsa sobre sí mismo. La misión NISAR, una colaboración entre las agencias espaciales de Estados Unidos y la India, es la primera en rastrear este hundimiento en toda el área metropolitana con tal precisión. Las autoridades locales y los planificadores urbanos han tomado nota porque el hundimiento no es uniforme: algunos vecindarios se hunden mucho más rápido que otros, lo que puede agrietar cimientos, romper tuberías de agua y tensar la infraestructura.
Lo que esto significa para una ciudad ya bajo presión
Los datos satelitales le dan a la Ciudad de México su imagen más clara hasta ahora de una crisis de movimiento lento. El hundimiento se ha documentado durante décadas, pero los nuevos mapas muestran que el problema es continuo y espacialmente complejo. Para los millones que viven allí, el suelo bajo sus hogares y carreteras está cambiando de forma de maneras invisibles en el día a día pero medibles desde el espacio. La misión NISAR continuará monitoreando, proporcionando una herramienta para que los funcionarios decidan dónde limitar la extracción de agua subterránea o reforzar estructuras críticas. La ciudad no está a punto de desaparecer, pero está, pulgada a pulgada, asentándose en su propio pasado.