Una humilde suculenta que antes apenas figuraba en el mapa económico ahora atrae dinero serio en Sudáfrica. El spekboom, un arbusto resistente a la sequía nativo de Eastern Cape, se ha convertido en el centro de una industria de restauración en rápido crecimiento que los inversores tratan como una nueva fiebre del oro.
Una planta que paga: la conexión con los créditos de carbono
El atractivo del spekboom radica en su extraordinaria capacidad para absorber dióxido de carbono. A diferencia de muchas plantas, sigue fotosintetizando incluso en condiciones secas, lo que lo convierte en un candidato natural para proyectos de compensación de carbono. Empresas y particulares que buscan equilibrar sus emisiones están pagando por la restauración del spekboom, y las sumas ya no son calderilla.
En la árida región del Karoo, donde el sobrepastoreo y la sequía han despojado la tierra, los proyectos de restauración están plantando millones de esquejes. El trabajo es intensivo en mano de obra, lo que significa empleos para las comunidades locales, pero el dinero que fluye está atrayendo un nuevo tipo de atención. Los precios de la tierra en algunas áreas han subido mientras los inversores compran granjas degradadas para convertirlas en granjas de carbono.
¿Quién se lleva una parte del botín verde?
El auge ha creado tensión. Algunos agricultores y residentes locales se preocupan de que los inversores externos estén acaparando tierras y de que los beneficios no se queden en la comunidad. Otros ven una oportunidad para restaurar tierras degradadas y ganar ingresos al mismo tiempo. El gobierno sudafricano ha tomado nota, y hay llamados para establecer reglas más claras sobre cómo se venden los créditos de carbono y quién se beneficia.
Un proyecto en la región de Baviaanskloof se ha convertido en un caso de prueba. Involucra una asociación entre una empresa privada y un fideicomiso comunitario local, con planes para restaurar miles de hectáreas. El acuerdo promete empleos y una parte de los ingresos por carbono, pero los detalles son complejos. Los mercados de carbono son aún jóvenes y los precios pueden fluctuar, lo que dificulta la planificación a largo plazo.
Las apuestas son altas y el suelo está seco
Por ahora, la fiebre del spekboom avanza rápido. Las empresas de restauración están escalando y nuevos actores entran al mercado. Pero los riesgos son reales. Una temporada de siembra fallida o una caída en los precios del carbono podrían dejar a inversores y comunidades con poco que mostrar. La planta en sí es resistente, pero el mercado que la rodea no lo es.
Lo que suceda en el sector del spekboom en Sudáfrica podría sentar un precedente para otros países que buscan usar la naturaleza para combatir el cambio climático. La idea es simple: cultivar una planta, almacenar carbono, vender el crédito. Pero hacer que eso funcione de manera justa y sostenible no es nada simple. El mundo observa para ver si esta fiebre del oro verde puede cumplir su promesa.