Dos telescopios espaciales de la NASA han detectado algo inesperado en el sistema solar exterior: objetos distantes que aún conservan memorias químicas de la región donde se formaron hace miles de millones de años. El descubrimiento, realizado con los telescopios espaciales Hubble y James Webb, sugiere que algunos de los cuerpos más remotos de nuestro vecindario cósmico no son vagabundos al azar, sino cápsulas del tiempo congeladas.
Una división sorprendente en el sistema solar exterior
Los astrónomos estudiaron un conjunto de objetos transneptunianos, pequeños mundos que orbitan más allá de Neptuno. Encontraron que estos objetos se dividen en dos grupos distintos según su composición de hielo. Algunos contienen hielos ricos en carbono, mientras que otros muestran señales de hielo de agua. La división no es aleatoria. Coincide con las distancias orbitales actuales de los objetos, lo que significa que su química refleja dónde se formaron originalmente.
Por qué estos mundos helados recuerdan su lugar de nacimiento
La explicación principal es que la historia temprana del sistema solar fue violenta. Planetas gigantes como Júpiter y Saturno migraron, dispersando cuerpos más pequeños lejos de sus ubicaciones originales. La mayoría de esos objetos dispersados terminaron en el cinturón de Kuiper o incluso más lejos. Pero los nuevos datos muestran que algunos objetos no se mezclaron por completo. Conservaron la huella química de su zona de nacimiento, ya sea más cerca del Sol o en las regiones más frías y oscuras del disco.
En Estados Unidos, donde la NASA gestiona ambos telescopios, los investigadores compararon observaciones infrarrojas del Hubble y del Webb. Examinaron la luz reflejada en las superficies de estos mundos distantes. Las firmas espectrales revelaron los hielos presentes. Los objetos con más hielo de monóxido de carbono o dióxido de carbono probablemente se formaron más lejos del Sol, donde esos gases podían congelarse. Los objetos con más hielo de agua probablemente se formaron más cerca, donde el agua era más abundante.
A los astrónomos y científicos planetarios locales les importa porque esta es evidencia directa de que la arquitectura del sistema solar no siempre fue como aparece hoy. El sistema solar exterior es un archivo desordenado de la migración planetaria. Estos objetos son como manuscritos antiguos, preservando detalles de una época en que los planetas aún se estaban asentando en sus órbitas actuales.
Los hallazgos también ayudan a explicar por qué algunos objetos del cinturón de Kuiper se ven tan diferentes de otros. Estudios anteriores habían notado diversidad, pero los nuevos datos vinculan esa diversidad con la ubicación de formación. Esto es un paso hacia la comprensión de cómo evolucionó nuestro sistema solar y, por extensión, cómo podrían haberse desarrollado otros sistemas planetarios.
Por ahora, los telescopios han dado a los científicos una visión más clara del pasado distante del sistema solar. Los objetos están lejos, pero llevan mensajes de una época en que el Sol era joven y los planetas aún estaban en movimiento.