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Dos satélites rastrean huracanes durante El Niño

Dos satélites, uno de la NASA y otro de Europa, están dando a los meteorólogos una visión más nítida de cómo se forman e intensifican los huracanes durante El Niño. El par mide la altura de la superficie del mar y el calor...

Dos satélites, uno de la NASA y otro de Europa, están dando a los meteorólogos una visión más nítida de cómo se forman e intensifican los huracanes durante El Niño. El par mide la altura de la superficie del mar y el calor oceánico, dos factores que pueden convertir una tormenta leve en un monstruo. Sus datos ya están cambiando la forma en que los científicos predicen el comportamiento de los huracanes en tiempo real.

Calor oceánico: el combustible detrás de la tormenta

Los huracanes obtienen energía del agua oceánica cálida. Cuanto más cálido es el mar, más potente puede volverse la tormenta. El satélite Sentinel-6 Michael Freilich, una misión conjunta entre Estados Unidos y Europa, rastrea la altura de la superficie del mar con notable precisión. Cuando el agua del océano se calienta, se expande, elevando el nivel del mar unos pocos centímetros. Ese pequeño aumento es una señal de calor almacenado que puede alimentar un huracán.

El satélite pasa sobre el mismo punto cada 10 días, dando a los científicos un flujo constante de actualizaciones. Durante El Niño, cuando las temperaturas del océano cambian a través del Pacífico, esta información se vuelve aún más crítica. El Niño puede alterar los patrones de viento y las trayectorias de las tormentas, haciendo más compleja la predicción de huracanes.

Una segunda mirada desde arriba

El segundo satélite, llamado SWOT, fue lanzado en 2022 como una colaboración entre la NASA y la agencia espacial francesa CNES. Utiliza interferometría de radar para medir la elevación de la superficie del agua en amplias franjas del océano. A diferencia de los satélites más antiguos que solo ven una línea estrecha debajo de ellos, SWOT puede capturar una franja de 120 kilómetros de ancho en una sola pasada. Eso significa que puede detectar pequeños remolinos y corrientes que podrían influir en la trayectoria o la fuerza de un huracán.

Juntos, los dos satélites ofrecen vistas complementarias. Sentinel-6 proporciona mediciones precisas a lo largo de su órbita, mientras que SWOT da una imagen más amplia de las características oceánicas. Los científicos combinan estos datos para entender cómo se mueve el calor bajo la superficie y cómo podría afectar el desarrollo de las tormentas.

Por qué las comunidades locales prestan atención

Para las personas que viven en las costas, esta investigación no es abstracta. Los huracanes pueden destruir hogares, inundar ciudades y alterar vidas. Saber si una tormenta se fortalecerá o se debilitará antes de tocar tierra da a las autoridades tiempo para evacuar y prepararse. Los satélites ayudan a responder preguntas como: ¿Cuánto calor está disponible para alimentar esta tormenta? ¿Es probable que el océano la haga más fuerte?

Durante los años de El Niño, las apuestas son más altas. El fenómeno puede cambiar dónde se forman los huracanes y cuán intensos se vuelven. En los Estados Unidos, los meteorólogos del Centro Nacional de Huracanes utilizan datos de estos satélites para mejorar sus modelos. La información también ayuda a los gestores de emergencias en el Caribe, América Central y otras regiones que enfrentan tormentas estacionales.

Los satélites no solo están observando el clima; son parte de un esfuerzo global para entender el papel del océano en el clima. Al rastrear el calor y el nivel del mar, proporcionan una línea base para detectar cambios a largo plazo. A medida que los eventos de El Niño se vuelven más frecuentes o intensos, estas herramientas serán aún más valiosas.

La asociación entre Estados Unidos y Europa en estas misiones muestra cómo la cooperación internacional puede abordar desafíos compartidos. Los datos que recogen son abiertos y están disponibles para científicos de todo el mundo, ayudando a todos, desde investigadores hasta meteorólogos locales. En un tiempo de clima cambiante, saber lo que está haciendo el océano ya no es un lujo. Es una necesidad.

Fuente: NASA

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