Un satélite que puede ver a través de las copas de los árboles acaba de completar su primer año en órbita, y las imágenes que ha enviado son diferentes a todo lo que los científicos han visto antes. Lanzado el 29 de abril de 2025 por la Agencia Espacial Europea, el satélite Biomass lleva el primer radar de apertura sintética de banda P en el espacio, un sensor lo suficientemente potente como para atravesar densas copas de bosques y medir la madera oculta debajo: troncos, ramas y el carbono atrapado en ellos.
Cómo un satélite radar mide el peso de un bosque
Biomass es una misión Earth Explorer, diseñada desde el principio para abordar una gran pregunta: ¿cuánto carbono almacenan realmente los bosques del mundo? Hasta ahora, los satélites podían ver la superficie frondosa de un bosque, pero no la estructura leñosa subterránea donde se guarda la mayor parte del carbono. Biomass cambia eso. Su radar de banda P envía señales de onda larga que atraviesan hojas y ramas, rebotan en troncos y ramas más grandes, y regresan al satélite con datos que los científicos pueden convertir en estimaciones de biomasa leñosa, un indicador directo del almacenamiento de carbono.
Tras el lanzamiento, el equipo de la misión pasó meses calibrando el satélite durante su fase de puesta en servicio. Para enero de 2026, los datos estuvieron disponibles abiertamente para usuarios de todo el mundo. Desde entonces, el satélite ha estado entregando mediciones que prometen afinar las estimaciones de las reservas de carbono forestal y revelar cómo responden los bosques a la sequía, los incendios y otras presiones ambientales.
Desde selvas tropicales hasta hielo ártico
Las imágenes publicadas para conmemorar el aniversario muestran el alcance del satélite. Una captura los intrincados canales del río Mekong en Camboya. Otra revela el río Beni serpenteando por los bosques de tierras bajas de Bolivia. Hay vistas del río Amazonas en el norte de Brasil, el paisaje de sabana de Gulf Country en Australia y una meseta montañosa circular en Malasia. El delta del río Berau en Indonesia aparece en vívidos colores de radar, al igual que los lagos termokarst en el norte de Siberia, las grietas en el hielo antártico y los escarpados cañones fluviales de la meseta de Putorana en Rusia.
Estas son imágenes de radar de apertura sintética polarimétricas, lo que significa que los colores no coinciden con lo que vería un ojo humano. En cambio, cada color representa una propiedad estructural diferente de la superficie terrestre: qué tan rugosa es, qué tan húmeda, cómo está orientada la vegetación o el hielo. El resultado es una especie de visión de rayos X para el planeta.
Por qué las comunidades locales y los científicos están prestando atención
Para las personas que viven en regiones ricas en bosques como Brasil, Indonesia y la cuenca del Congo, la misión tiene relevancia directa. Mejores datos sobre el carbono forestal significan un mejor monitoreo de la deforestación, la reforestación y la salud de los ecosistemas de los que dependen millones. Brasil, en particular, se ha estado preparando para aprovechar los datos de Biomass desde finales de 2025, integrándolos en los sistemas nacionales de monitoreo forestal.
Más allá de los bosques, el satélite ha demostrado ser útil para medir las velocidades de las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida, y para estudiar la geología del subsuelo en regiones áridas. Los mismos pulsos de radar que penetran las copas de los árboles también pueden sondear arena seca y roca.
Un año después, y la vista solo se está volviendo más clara
La misión Biomass aún es joven. Un año de datos es suficiente para mostrar su potencial, pero aún no es suficiente para responder las grandes preguntas sobre las reservas globales de carbono y cómo están cambiando. Las imágenes publicadas hasta ahora son un vistazo, una promesa de lo que es posible cuando un satélite puede ver lo que siempre ha estado oculto. Para los científicos que rastrean el ciclo del carbono del planeta, esa vista apenas comienza a enfocarse.