Una sonda espacial japonesa del tamaño de un refrigerador doméstico ha volado a pocos kilómetros de un asteroide lejano, parte de un esfuerzo internacional para probar si la humanidad podría algún día desviar una roca espacial que se dirija a la Tierra.
La misión, dirigida por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), envió la sonda cerca del asteroide 1998 KY26. El sobrevuelo ocurrió el 10 de diciembre de 2024, a una distancia de aproximadamente 2.5 kilómetros de la superficie del objeto.
Un objetivo diminuto a millones de kilómetros
El asteroide 1998 KY26 es pequeño, de solo unos 30 metros de diámetro. Orbita el Sol a una distancia que varía entre unos 100 y 150 millones de kilómetros de la Tierra. La sonda, llamada Hayabusa2, se lanzó en 2014 y ya ha visitado otro asteroide, Ryugu, donde recogió muestras y las devolvió a la Tierra en 2020.
Tras ese éxito, la JAXA extendió la misión. La sonda encendió sus motores iónicos para cambiar de rumbo y dirigirse hacia 1998 KY26. El sobrevuelo fue el acercamiento más cercano de la misión extendida. La sonda tomó imágenes y recogió datos mientras pasaba.
Por qué a la gente local le importó una roca lejana
En Japón, la misión llamó la atención porque se basa en la creciente reputación del país en la exploración del espacio profundo. Hayabusa2 ya es famosa por traer material de asteroides a la Tierra. Ahora, al apuntar a un tipo diferente de asteroide, los científicos esperan aprender más sobre la variedad de objetos que podrían representar una amenaza.
El asteroide 1998 KY26 está clasificado como un rotador rápido, girando una vez cada 10 minutos. También se cree que es un montón de escombros, una colección suelta de rocas unidas por la gravedad. Entender cómo se comportan estos objetos es clave para planificar cualquier misión de desviación futura. Si un asteroide grande estuviera en curso de colisión con la Tierra, conocer su composición podría determinar si un impactador cinético, como la misión DART de la NASA, funcionaría o simplemente dispersaría los escombros.
Una prueba para la defensa planetaria
El sobrevuelo no fue solo por ciencia. También fue una prueba de capacidades de navegación y seguimiento. Los ingenieros de la JAXA tuvieron que guiar la sonda a pocos kilómetros de un objetivo que apenas podían ver desde la Tierra. El asteroide es tan pequeño y oscuro que es difícil de observar con telescopios terrestres. Alcanzarlo con éxito demuestra que Japón puede realizar maniobras de precisión en el espacio profundo, una habilidad esencial para cualquier futura misión de defensa planetaria.
Los datos del sobrevuelo tardarán meses en analizarse. Pero la misión ya ha demostrado que una sonda pequeña y relativamente barata puede reutilizarse para trabajos de defensa contra asteroides. Hayabusa2 ahora se dirige hacia su próximo objetivo, otro asteroide, para un sobrevuelo en 2026.
Esta misión añade una capa práctica a la conversación global sobre proteger la Tierra. Demuestra que las naves espaciales existentes, construidas para otros fines, pueden redirigirse para estudiar objetos potencialmente peligrosos. El trabajo realizado por la JAXA y sus socios ofrece una capacidad real y probada, no solo un plan teórico.