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En Sudáfrica, un pueblo elige convivir con los babuinos

Un pequeño pueblo costero de Sudáfrica se ha convertido en un modelo poco común para convivir con babuinos salvajes. En Rooi Els, una comunidad de unas 300 personas en las afueras de Ciudad del Cabo, los vecinos han aprendido a...

Un pequeño pueblo costero de Sudáfrica se ha convertido en un modelo poco común para convivir con babuinos salvajes. En Rooi Els, una comunidad de unas 300 personas en las afueras de Ciudad del Cabo, los vecinos han aprendido a compartir su espacio con una tropa de unos 40 babuinos chacma. El arreglo es pacífico. Pero en el resto del país, sigue siendo la excepción.

Cómo un pueblo se entrenó para dejar de pelear con los babuinos

Durante años, Rooi Els tuvo el mismo problema que muchas comunidades sudafricanas. Los babuinos asaltaban casas, robaban comida y dañaban propiedades. Los vecinos respondían con cercas, perros y, a veces, fuerza letal. El conflicto escaló. Luego, hace aproximadamente una década, el pueblo probó algo diferente. En lugar de intentar mantener a los babuinos fuera, trabajaron con investigadores y grupos de conservación para cambiar el comportamiento humano.

Los vecinos aprendieron a asegurar su basura, cerrar ventanas y evitar dejar comida al alcance. El pueblo contrató a un monitor de babuinos, una persona que sigue a la tropa y advierte a los residentes cuando los animales se acercan. El monitor también usa pistolas de paintball y ruido para disuadir a los babuinos de entrar a las casas. El objetivo no es dañar a los animales, sino reforzar los límites.

Por qué este enfoque es raro en Sudáfrica

La mayoría de las comunidades cerca del hábitat de los babuinos en Sudáfrica todavía recurren al control letal. Los animales suelen ser fusilados, envenenados o atrapados. Solo en la Península del Cabo, las autoridades han sacrificado cientos de babuinos en las últimas dos décadas. Muchos agricultores y propietarios los ven como alimañas. El conflicto es impulsado por la pérdida de hábitat. A medida que el desarrollo humano avanza hacia áreas silvestres, los babuinos pierden sus fuentes naturales de alimento y recurren a los asentamientos humanos.

Rooi Els es diferente porque la comunidad aceptó que los babuinos estaban primero. El pueblo está dentro de la Reserva de la Biosfera Kogelberg, un área designada por la UNESCO. Los babuinos han vivido en las montañas circundantes mucho antes de que se construyeran las casas. Los vecinos decidieron que la convivencia era posible si adaptaban sus propios hábitos.

Cómo se ve la convivencia en el día a día

El monitor de babuinos es la clave del sistema. El monitor rastrea los movimientos de la tropa y alerta a los residentes cuando los animales están cerca. La gente cierra sus puertas. Meten a sus mascotas adentro. Esperan. Los babuinos pasan, buscando comida natural como bulbos e insectos, y siguen su camino. El monitor también registra datos sobre el comportamiento de los babuinos y reporta cualquier incidente.

No todos los vecinos están contentos. Algunos todavía se quejan de jardines dañados o frutas robadas. Pero el pueblo no ha tenido un conflicto grave en años. No se ha matado a ningún babuino en Rooi Els desde que comenzó el programa. El tamaño de la tropa se ha mantenido estable. El enfoque ha llamado la atención de investigadores y conservacionistas que lo ven como una rara historia de éxito.

Una paz frágil en un país de conflicto

El modelo de Rooi Els funciona porque el pueblo es pequeño, aislado y motivado. También ayuda que los babuinos tengan acceso a comida silvestre en la reserva circundante. En otras partes de Sudáfrica, donde el hábitat de los babuinos está más fragmentado y la densidad humana es mayor, el mismo enfoque puede no funcionar. Los conservacionistas advierten que, sin cambios más amplios en el uso del suelo y las políticas, la mayoría de las poblaciones de babuinos seguirán disminuyendo.

Por ahora, Rooi Els ofrece un vistazo de lo que es posible. Los babuinos todavía vienen. La gente todavía vigila. Pero ninguno de los dos lados tiene que perder.

Fuente: Mongabay

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