Un impresionante descubrimiento fósil muestra que abejas antiguas usaron las cuencas dentales vacías de huesos de mamíferos como pequeños nidos después de que búhos esparcieran los huesos por el suelo de una cueva hace 20,000 años. Es la primera evidencia conocida de abejas anidando dentro de huesos de animales, revelando una estrategia de supervivencia asombrosamente creativa.
Una cueva llena de sobras de búhos se convirtió en guardería de abejas
La isla caribeña de La Española, compartida por Haití y la República Dominicana, está salpicada de miles de cuevas de piedra caliza. Una de esas cuevas, identificada por el paleobiólogo Juan Almonte Milan como un rico depósito fósil, contenía capas de restos de más de 50 especies. Los investigadores creen que los búhos vivieron allí durante generaciones, posiblemente cientos o miles de años. Los búhos cazaban, regresaban a la cueva y regurgitaban egagrópilas llenas de huesos de roedores, perezosos, aves, reptiles y otros animales. Esos huesos esparcidos eventualmente se convirtieron en algo completamente diferente.
Cavidades suaves dentro de mandíbulas no eran sedimento común
Lazaro Viñola López, investigador postdoctoral en el Field Museum de Chicago y autor principal del estudio publicado en Royal Society Open Science, estaba limpiando fósiles de mamíferos de la cueva cuando notó algo extraño. Varias mandíbulas tenían depósitos cóncavos y suaves dentro de sus cuencas dentales vacías. Esa textura no coincidía con el sedimento natural que normalmente llena esas cavidades. Análisis adicionales confirmaron que los depósitos no eran tierra. Eran nidos de abejas antiguas.
Viñola López y su equipo exploraron la cueva mientras completaba su doctorado en la Universidad de Florida y el Museo de Historia Natural de Florida. Describió el descenso como poco profundo, requiriendo una cuerda y rappel. Por la noche, los ojos de las tarántulas brillaban en el interior. Un túnel subterráneo de diez metros llevaba a las capas de fósiles, que estaban separadas por depósitos de carbonato de períodos de lluvia antiguos. Los huesos incluían roedores, perezosos, aves, reptiles, tortugas y cocodrilos que pudieron haber caído en la cueva.
Por qué les importa a los investigadores locales y paleontólogos
Para los científicos que estudian el registro fósil de la República Dominicana, este descubrimiento añade una nueva dimensión a la comprensión de cómo funcionaban los ecosistemas antiguos. La cueva no era solo un cementerio. Era un espacio habitable para los búhos y, más tarde, una guardería para las abejas. Las abejas convirtieron huesos desechados en cámaras protegidas para sus crías. Esta estrategia de anidación nunca antes se había documentado en el registro fósil. Muestra que las abejas, como muchos animales, se adaptaron a los materiales disponibles de maneras sorprendentes.
El hallazgo también resalta el valor de las cuevas en La Española como ventanas a la vida prehistórica. Cada capa de sedimento y cada hueso guardan pistas sobre cómo interactuaban las especies. Las abejas no construyeron sus nidos en los lugares habituales como árboles huecos o madrigueras subterráneas. Usaron los huesos dejados por los depredadores. Esa elección sugiere un nivel de ingenio que los investigadores apenas comienzan a entender.
Un cambio silencioso en cómo vemos el comportamiento antiguo de los insectos
Este descubrimiento no reescribe la historia de las abejas por completo, pero añade un nuevo capítulo. El registro fósil del comportamiento de anidación de insectos es escaso. Encontrar evidencia de abejas usando huesos de mamíferos abre preguntas sobre qué otros materiales pudieron haber usado los insectos antiguos. La cueva en La Española preservó un momento de improvisación ecológica. Una abeja, hace 20,000 años, encontró una cuenca dental y la convirtió en una cuna. Ese pequeño acto dejó una marca que los científicos aún están descubriendo.