Los abejorros sacan la lengua después de un dulce y sacuden la cabeza o se limpian la boca tras algo desagradable. Científicos del Reino Unido capturaron estas diminutas expresiones faciales en video a cámara lenta y dicen que el comportamiento coincide con las respuestas de "agrado" y "desagrado" que se ven en los mamíferos.
Una lengua diminuta y un movimiento de cabeza
Los investigadores filmaron a abejorros mientras probaban soluciones azucaradas o agua corriente. Cuando las abejas encontraban algo bueno, extendían su glosa, o lengua de insecto, por un momento después. Parecía casi como si se estuvieran lamiendo los labios. Cuando probaban algo que no les gustaba, las abejas sacudían la cabeza y se limpiaban la boca con las patas delanteras.
El equipo publicó sus hallazgos en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. El estudio fue liderado por investigadores de la Queen Mary University of London en el Reino Unido. Usaron cámaras de alta velocidad para capturar los movimientos sutiles que son demasiado rápidos para el ojo humano.
Qué significan las expresiones
Los científicos dicen que estas expresiones faciales son consistentes con estados similares a las emociones. En los mamíferos, expresiones similares señalan placer o disgusto. Las abejas mostraron la respuesta de sacar la lengua con más frecuencia cuando probaban una solución dulce y gratificante. Sacudían la cabeza y se limpiaban la boca con más frecuencia cuando probaban agua corriente o una sustancia amarga.
El estudio se suma a un creciente cuerpo de evidencia de que los insectos pueden tener vida interior. Los investigadores argumentan que el comportamiento no es solo un reflejo. Cambia según el contexto, lo que sugiere que las abejas están evaluando lo que prueban.
Por qué esto importa a nivel local y global
En el Reino Unido, donde las poblaciones de abejas han enfrentado presiones por la pérdida de hábitat y los pesticidas, el estudio ha llamado la atención de científicos y conservacionistas. Si las abejas pueden experimentar estados positivos y negativos, surgen preguntas sobre cómo los humanos tratan a los insectos. La investigación no prueba que las abejas sientan dolor o placer de la misma manera que los humanos, pero muestra que sus expresiones faciales no son aleatorias.
El estudio brinda apoyo a la idea de la sintiencia de los insectos. Ese concepto podría influir en futuras regulaciones sobre agricultura, control de plagas e investigación que involucre insectos. Por ahora, los científicos dicen que los hallazgos abren una ventana a las vidas emocionales de criaturas que las personas a menudo pasan por alto.