Un nuevo estudio de ADN ha encontrado que la carne de pangolín vendida en mercados locales de Nigeria está genéticamente vinculada a las escamas incautadas a redes internacionales de tráfico. La investigación muestra que los mismos animales se están dividiendo entre el consumo local y las rutas globales de contrabando.
Mercados en Nigeria abastecen tanto platos locales como envíos al extranjero
Científicos recolectaron muestras de tejido de pangolines vendidos como carne de caza en mercados del sur de Nigeria. Compararon el ADN con escamas confiscadas a traficantes en Asia y Europa. Las coincidencias genéticas fueron claras. Algunos pangolines eran descuartizados para la venta local mientras que sus escamas se enviaban al extranjero.
Nigeria es un centro conocido para el tráfico de pangolines. Estos animales son los mamíferos más traficados del mundo. Sus escamas se usan en la medicina tradicional en partes de Asia. Su carne se consume localmente como fuente de proteína. Hasta ahora, la conexión entre estos dos mercados se suponía pero no se había probado.
Por qué las comunidades locales son parte de un problema mucho mayor
Para la gente que vive cerca de estos mercados, la caza de pangolines suele ser una forma de ganar dinero. Un solo animal puede venderse por su carne y sus escamas por separado. El estudio encontró que los traficantes compran escamas a los mismos cazadores que venden carne localmente. Esto significa que la caza local está alimentando directamente un comercio ilegal internacional.
Grupos locales de conservación han intentado reducir la caza de pangolines ofreciendo medios de vida alternativos. Pero la nueva evidencia de ADN muestra que los esfuerzos para detener la venta local de carne de caza por sí solos no acabarán con la amenaza. Mientras haya demanda de escamas en el extranjero, los cazadores seguirán matando pangolines.
Un mapa genético del comercio ilegal
Los investigadores construyeron una base de datos genética de poblaciones de pangolines en África Occidental y Central. Al emparejar las escamas incautadas con regiones específicas, ahora pueden rastrear dónde fueron cazados originalmente los animales traficados. Esto le da a las autoridades una nueva herramienta para apuntar a los focos de caza furtiva.
El estudio se centró en el pangolín de vientre blanco y el pangolín de vientre negro, dos especies que se encuentran en Nigeria. Ambas están catalogadas como en peligro de extinción. Los científicos dicen que su método podría usarse también para otras especies traficadas.
Esta investigación no resuelve la crisis de los pangolines. Pero sí muestra que los mercados locales y el tráfico global no son problemas separados. Son dos extremos de la misma cadena de suministro. Entender ese vínculo es el primer paso para romperlo.