Dos empresas pueden quemar la misma cantidad de combustible, pero una puede reportar la mitad de la huella de carbono que la otra. Esa es la conclusión de un nuevo estudio, que revela que la forma en que las empresas eligen contar sus emisiones puede cambiar drásticamente los números que publican. La investigación, publicada en Estados Unidos, sugiere que las prácticas actuales de contabilidad de carbono están lejos de estar estandarizadas, y las diferencias son lo suficientemente grandes como para engañar a inversores y reguladores.
La misma fábrica, dos números muy diferentes
El estudio analizó cómo las empresas contabilizan las emisiones de sus cadenas de suministro, particularmente las de bienes y servicios comprados. Dependiendo del método utilizado, la huella reportada de una empresa podría variar hasta en un 50 por ciento. Eso significa que una empresa podría parecer líder o rezagada en clima simplemente eligiendo un enfoque contable diferente.
Los investigadores compararon varios marcos contables comunes y encontraron que producen resultados muy diferentes para el mismo conjunto de actividades. La elección de usar datos específicos del proveedor o promedios de la industria, por ejemplo, puede cambiar significativamente el número final. El estudio también encontró que algunos métodos permiten a las empresas excluir ciertas emisiones indirectas por completo, lo que puede reducir aún más su huella reportada.
Por qué las comunidades locales y los inversores deberían preocuparse
Los autores del estudio señalan que estas inconsistencias no son solo una molestia técnica. En Estados Unidos y en todo el mundo, las empresas usan sus emisiones reportadas para establecer objetivos climáticos, atraer inversión verde y cumplir con las reglas emergentes de divulgación. Si los números pueden reducirse a la mitad cambiando el método contable, entonces esos objetivos e inversiones pueden estar construidos sobre terreno inestable.
Las comunidades locales también dependen de los datos de emisiones corporativas para responsabilizar a los contaminadores. Cuando una empresa anuncia un compromiso de cero emisiones netas, el público asume que los números subyacentes son confiables. Pero el estudio muestra que sin un estándar único y obligatorio, las empresas pueden presentar una imagen más optimista que la realidad.
Los investigadores piden una mayor armonización de las reglas de contabilidad de carbono, argumentando que el actual mosaico de directrices voluntarias no es suficiente. Señalan que los reguladores en varios países ya se están moviendo hacia la divulgación climática obligatoria, pero el estudio sugiere que esas reglas solo funcionarán si también estandarizan cómo se calculan las emisiones.
Al final, el estudio es un recordatorio de que lo que se mide se gestiona, pero solo si la medición es consistente. A medida que más empresas se apresuran a publicar compromisos climáticos, los números detrás de esas promesas merecen tanto escrutinio como las promesas mismas.