El setenta y dos por ciento de las áreas marinas protegidas del mundo están siendo inundadas con contaminación por aguas residuales, según un nuevo análisis global. Eso significa que casi tres de cada cuatro santuarios oceánicos destinados a proteger la vida marina están recibiendo aguas residuales sin tratar o parcialmente tratadas.
Un sueño irrealizable para la protección oceánica
Los investigadores mapearon las entradas de aguas residuales de 135,000 cuencas hidrográficas contra las ubicaciones de casi 10,000 áreas marinas protegidas en 196 países. Encontraron que el 72 por ciento de esas zonas protegidas están expuestas a la contaminación por nitrógeno proveniente de desechos humanos. El problema es especialmente grave en regiones costeras densamente pobladas.
Filipinas, un archipiélago de más de 7,600 islas, surgió como un punto crítico. El país tiene una de las densidades más altas de áreas marinas protegidas del mundo, pero muchas se encuentran directamente río abajo de comunidades con tratamiento de aguas residuales limitado. Una imagen de 2018 de Boracay, una famosa isla turística, muestra a un hombre caminando junto a una tubería de drenaje que descarga aguas residuales sin tratar directamente al océano.
Por qué deberían importarles a las comunidades locales
Para las personas que viven cerca de estas áreas protegidas, la contaminación no es una preocupación abstracta. El nitrógeno de las aguas residuales alimenta floraciones de algas que sofocan los arrecifes de coral, los mismos ecosistemas que estas reservas están diseñadas para proteger. Los arrecifes sostienen la pesca local, el turismo y la protección costera. Cuando las aguas residuales fluyen, las poblaciones de peces disminuyen y la calidad del agua baja.
El estudio, publicado en la revista *Marine Pollution Bulletin*, fue liderado por investigadores de la Universidad de California, Santa Bárbara y la Universidad de Hawái en Mānoa. Utilizaron conjuntos de datos globales sobre población humana, infraestructura sanitaria e hidrología costera para rastrear dónde termina el nitrógeno de las aguas residuales.
Una crisis silenciosa bajo las olas
Las áreas marinas protegidas a menudo se celebran como una piedra angular de la conservación oceánica. Los países se han comprometido a expandirlas bajo los objetivos internacionales de biodiversidad. Pero esta investigación sugiere que los límites legales en un mapa sirven de poco si el agua dentro de ellos está envenenada.
Los autores señalan que incluso las áreas protegidas remotas no están a salvo. El nitrógeno viaja largas distancias a través de corrientes y aguas subterráneas. Una reserva marina lejos de cualquier ciudad aún puede ser degradada por aguas residuales descargadas a kilómetros de distancia.
Este hallazgo no significa que las áreas marinas protegidas sean un fracaso. Significa que su éxito depende de lo que sucede en tierra. El tratamiento de aguas residuales, la gestión de cuencas hidrográficas y la planificación costera no están separados de la conservación oceánica, son la misma lucha.