Los astronautas que vuelven del espacio suelen verse débiles y desgastados, con músculos y huesos degradados incluso tras misiones cortas. Un nuevo estudio desde la Estación Espacial Internacional sugiere que el culpable podría estar dentro de sus células: las mitocondrias, las pequeñas estructuras que alimentan casi todo lo que hace una célula.
Las células humanas cultivadas en microgravedad produjeron significativamente menos proteínas mitocondriales que las cultivadas en la Tierra. Esa caída en la producción de proteínas podría explicar por qué el cuerpo esencialmente comienza a consumirse a sí mismo en el espacio.
Células privadas de sus propias centrales eléctricas
Los investigadores enviaron cultivos de células humanas a la Estación Espacial Internacional y las dejaron crecer en microgravedad durante varios días. De vuelta en la Tierra, compararon esas células con cultivos idénticos que habían permanecido en gravedad normal. Las células espaciales mostraron una clara reducción en la cantidad de proteínas producidas por sus mitocondrias.
Las mitocondrias a menudo se llaman las centrales eléctricas de la célula. Convierten nutrientes en la energía que los músculos, huesos y órganos necesitan para funcionar. Cuando esas centrales fallan, las células no pueden mantenerse. El cuerpo comienza a descomponer tejido para obtener combustible.
Por qué esto importa para misiones largas
El estudio fue liderado por científicos de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, en colaboración con la NASA. Usaron un dispositivo especialmente diseñado a bordo de la estación espacial para cultivar las células en un entorno controlado. El hallazgo ofrece un mecanismo biológico para un problema que ha desconcertado a las agencias espaciales durante décadas.
Los astronautas en la Estación Espacial Internacional ya hacen ejercicio durante horas cada día para frenar la pérdida de músculo y hueso. Pero los nuevos datos sugieren que incluso con ejercicio, las células mismas podrían estar operando con déficit. Si las mitocondrias no producen suficientes proteínas, el cuerpo no puede repararse de manera tan efectiva.
La gente local, es decir, los astronautas que viven y trabajan en la estación, se preocupan por esto porque su salud depende de entenderlo. Cuanto más tiempo pasan los humanos en el espacio, más se deterioran sus cuerpos. Un viaje a Marte tomaría meses, y las contramedidas actuales podrían no ser suficientes.
Una pista para la medicina en la Tierra
Esa misma disminución mitocondrial también podría ocurrir en personas en la Tierra que están postradas en cama, paralizadas o que sufren enfermedades de desgaste muscular. La estación espacial proporciona un laboratorio único para estudiar este proceso de una manera imposible en el suelo.
Al identificar las proteínas específicas que disminuyen en microgravedad, los investigadores ahora pueden buscar fármacos u otras intervenciones que podrían mantener las mitocondrias funcionando correctamente. El estudio no ofrece una solución aún, pero apunta directamente a un objetivo.
Esta investigación no prueba que el fallo mitocondrial sea la única causa de la pérdida muscular en el espacio. Sin embargo, les da a los científicos un lugar claro para empezar a buscar respuestas. Para los astronautas que sueñan con el espacio profundo, eso es un paso adelante.