Una orden destinada a cambiar lo que periodistas y locutores podían decir en el aire podría sonar como una lucha simbólica sobre el lenguaje. En Irak, se convirtió en algo mucho más concreto: una señal sobre a quién estaban dispuestas a estigmatizar las instituciones públicas, qué conversaciones se estaban limitando y con qué rapidez el lenguaje oficial puede convertirse en presión social.
Una regla lingüística con un propósito político
En agosto de 2023, la Comisión de Comunicaciones y Medios de Irak ordenó a los medios de comunicación que dejaran de usar la palabra "homosexualidad" y la reemplazaran por "desviación sexual". También prohibió el uso del término "género" en el lenguaje publicado y transmitido. Amnistía Internacional describió la medida como parte de un patrón más amplio de ataques a la libertad de expresión y la no discriminación bajo la bandera de la moral pública.
La directiva no creó una nueva ala de prisión ni un nuevo puesto de control fronterizo. Pero cambios como este aún importan. Le dicen a editores, presentadores e instituciones públicas qué palabras son aceptables, qué identidades pueden enmarcarse como legítimas y qué grupos pueden ser marcados públicamente como sospechosos.
Por qué la terminología nunca es solo terminología
La orden llegó en medio de un clima más amplio en el que actores políticos iraquíes habían atacado cada vez más los derechos LGBTI y las autoridades ya habían llevado a cabo campañas contra lo que llamaron contenido en línea indecente. Amnistía advirtió que obligar a los medios a adoptar un lenguaje demonizador podría alimentar la discriminación y los ataques violentos, al tiempo que dificultaría discutir la violencia de género y la política social en términos precisos.
Eso es lo que hace que esto sea más que un titular de guerra cultural. Una vez que los reguladores comienzan a redefinir términos neutrales o ampliamente utilizados como tabú, los efectos se desbordan. Las redacciones se autocensuran. El debate público se estrecha. El lenguaje de la defensa se vuelve más arriesgado. Las personas comunes que ya son vulnerables pueden encontrarse aún más aisladas por el vocabulario del estado.
Un cambio de reglas silencioso con consecuencias visibles
GoshNews rastrea historias como esta porque a menudo no llegan con el drama de un golpe de estado o un disturbio, pero aún así remodelan el terreno sobre el que la gente se para. Una directiva mediática puede alterar lo que maestros, activistas, periodistas y familias se sienten seguros diciendo en público. Puede cambiar lo que es discutible antes de que cualquier tribunal dicte una sentencia.
Por eso importó la orden terminológica de Irak. Mostró cómo la gobernanza puede funcionar a través del discurso mismo: no solo castigando acciones, sino limitando las palabras disponibles para describir la realidad. Cuando eso sucede, el cambio de reglas no es meramente semántico. Se convierte en parte de la vida cívica diaria.