Una diminuta pepita de metal acaba de lograr una hazaña que desafía la lógica cotidiana: existió en dos lugares al mismo tiempo.
Físicos de la Universidad de Viena en Austria han roto el récord del objeto más grande jamás colocado en una superposición cuántica. El objeto era una nanopartícula hecha de miles de átomos de sodio, de aproximadamente 8 nanómetros de ancho. Se comportó como si estuviera en múltiples ubicaciones a la vez, una característica de la mecánica cuántica normalmente reservada para electrones, átomos y moléculas pequeñas.
Un trozo de metal que actúa como una onda
El experimento, publicado en Nature, fue liderado por Markus Arndt y Stefan Gerlich. El equipo creó cúmulos de sodio ultrafríos que contenían entre 5,000 y 10,000 átomos. Cada cúmulo tenía una masa superior a 170,000 unidades de masa atómica, lo que los hacía más pesados que la mayoría de las proteínas. Luego, los investigadores dispararon estas partículas a través de tres rejillas de difracción hechas con haces de láser ultravioleta.
El primer haz láser fijó la posición de cada cúmulo con una precisión de aproximadamente 10 nanómetros. Luego colocó la partícula en una superposición cuántica, lo que significaba que podía seguir múltiples caminos a través del aparato al mismo tiempo. El resultado fue un patrón de interferencia medible, la señal inequívoca de que la pepita de metal se comportaba como una onda, no como un objeto sólido.
Por qué esto importa para el límite entre lo cuántico y lo clásico
En la vida diaria, las rocas, las canicas y el polvo siguen la física clásica. Se quedan en un solo lugar y se mueven por caminos predecibles. Pero el equipo de Viena demostró que incluso un trozo de metal relativamente grande sigue obedeciendo las extrañas reglas del mundo cuántico. El autor principal, Sebastian Pedalino, estudiante de doctorado, dijo que el resultado prueba que la mecánica cuántica se cumple a esta escala y no requiere modelos alternativos.
El hallazgo acerca la rareza cuántica al mundo macroscópico. Sugiere que el límite entre el comportamiento cuántico y el clásico podría no ser tan marcado como se pensaba. Por ahora, la pepita de metal sigue siendo el objeto más pesado que haya existido en dos lugares a la vez, un récord que desafía nuestra intuición sobre lo que es posible.