Un nuevo estudio ha encontrado que los niños expuestos a químicos PFAS desde temprana edad tienen más probabilidades de desarrollar inflamación intestinal. Los llamados químicos eternos, que persisten en el ambiente y el cuerpo humano durante años, parecen alterar el sistema digestivo incluso a niveles bajos. Investigadores en Estados Unidos siguieron a cientos de niños desde el nacimiento hasta la adolescencia temprana para llegar a esta conclusión.
Lo que encontró el estudio en los intestinos de los niños
La investigación, liderada por científicos de la Universidad del Sur de California, analizó muestras de sangre de niños tomadas al nacer y nuevamente a los 12 años. Midieron los niveles de siete compuestos PFAS diferentes. Los niños con concentraciones más altas de PFAS en su sangre mostraron marcadores significativamente más altos de inflamación intestinal. La relación se mantuvo incluso después de ajustar por dieta, ingresos y otras exposiciones ambientales. Los marcadores de inflamación incluyeron la calprotectina, una proteína liberada cuando el revestimiento intestinal está irritado.
Por qué las familias y los médicos están prestando atención
La inflamación intestinal en la infancia no es solo un dolor de estómago. La inflamación intestinal crónica puede llevar a condiciones como la enfermedad inflamatoria intestinal, que causa dolor, mala absorción de nutrientes y problemas de salud a largo plazo. El estudio se suma a un creciente cuerpo de evidencia de que los químicos PFAS, utilizados en sartenes antiadherentes, ropa impermeable y envases de alimentos, pueden dañar los cuerpos en desarrollo de maneras que no se comprenden completamente. Los padres en comunidades con agua potable contaminada se han vuelto especialmente preocupados. El estudio fue publicado en la revista Environmental Health Perspectives.
Qué sigue
Los hallazgos no prueban que los PFAS causen directamente inflamación intestinal, pero proporcionan evidencia sólida de una conexión que merece más investigación. Los investigadores dicen que los resultados podrían influir en cómo los médicos evalúan a los niños con problemas digestivos, especialmente en áreas con contaminación conocida por PFAS. Los reguladores en Estados Unidos y Europa ya están avanzando para limitar la producción y el uso de PFAS. Por ahora, el estudio ofrece una imagen más clara de cómo la exposición temprana a estos químicos persistentes podría moldear la salud de un niño durante años.