Los antiguos romanos construyeron concreto que repara sus propias grietas, y los investigadores ahora sospechan que el mismo tipo de química inteligente podría explicar cómo se levantaron las pirámides de Guiza en Egipto y por qué siguen en pie hoy en día.
Una receta que sobrevivió al imperio
El concreto romano, llamado opus caementicium, era tan duradero que muchas estructuras romanas permanecen intactas después de 2,000 años. El concreto moderno, en cambio, a menudo se desmorona en décadas. Los científicos sabían desde hace tiempo que el secreto involucraba ceniza volcánica, cal y agua de mar, pero solo recientemente han rastreado el mecanismo de autorreparación hasta pequeños trozos de cal que actúan como un kit de reparación incorporado.
Cuando se forman grietas en el concreto romano, el agua se filtra y reacciona con esos fragmentos de cal. La reacción produce una solución fresca de carbonato de calcio que llena la grieta, soldando efectivamente el material de nuevo. Este descubrimiento, publicado en 2023, provino de un equipo del MIT y otras instituciones que estudiaron mortero antiguo de una tumba romana en Italia.
¿Podría el mismo truco haber movido las pirámides?
Ahora los mismos investigadores están mirando al otro lado del Mediterráneo, hacia Egipto. La Gran Pirámide de Guiza, construida alrededor del 2560 a.C., utiliza bloques masivos de piedra caliza que pesan hasta 15 toneladas cada uno. Cómo se levantaron y colocaron esos bloques ha desconcertado a los ingenieros durante siglos. Algunos han propuesto rampas, otros han sugerido pasajes espirales internos, pero ninguna teoría única ha satisfecho a todos.
El equipo del MIT, liderado por el científico de materiales Admir Masic, piensa que la respuesta podría estar en un tipo de concreto usado para rellenar los espacios entre las piedras de revestimiento exteriores de la pirámide. Si los antiguos egipcios usaron un concreto a base de cal similar a la receta romana, podrían haber moldeado los bloques en su lugar en lugar de arrastrar cada piedra desde una cantera lejana. Eso reduciría el número de trabajadores necesarios y explicaría la precisión de las juntas.
Masic y sus colegas han estado probando muestras de mortero de la pirámide y comparándolas con el concreto romano. Encontraron que ambos contienen el mismo tipo de fragmentos de cal reactivos, lo que sugiere que los egipcios podrían haber descubierto la propiedad de autorreparación siglos antes que los romanos. Si es cierto, las pirámides no eran solo tumbas, sino también una demostración de ciencia avanzada de materiales.
Por qué a los locales les importa un viejo truco de construcción
Para los egipcios, las pirámides son una fuente de orgullo nacional y un gran atractivo turístico. Cualquier nueva idea sobre cómo se construyeron atrae un interés intenso, tanto de historiadores como de ingenieros que quieren aplicar la sabiduría antigua a problemas modernos. La idea de que el concreto romano podría ayudar a preservar las pirámides también es oportuna, porque los monumentos muestran signos de desgaste después de miles de años de viento, calor y contaminación.
Si el mecanismo de autorreparación se puede replicar, podría ofrecer una manera de reparar las pirámides sin usar materiales modernos que podrían chocar con la piedra original. La misma técnica también podría llevar a un concreto más sostenible para nuevos edificios, reduciendo la necesidad de reparaciones frecuentes y disminuyendo las emisiones de carbono.
La investigación aún está en sus primeras etapas, y nadie ha probado todavía que los egipcios usaron exactamente el mismo método que los romanos. Pero la posibilidad de que dos civilizaciones antiguas, separadas por más de mil años, llegaran de manera independiente a la misma solución inteligente es un recordatorio de que algunos problemas de ingeniería tienen respuestas atemporales.