Una supernova a 440 millones de años luz se ha convertido en la primera en enviar una señal clara de rayos gamma al telescopio Fermi de la NASA, y la fuente de su extraordinario brillo parece ser uno de los objetos más extremos del universo: un magnetar recién nacido.
La explosión, catalogada como SN 2017egm, pertenece a una clase rara llamada supernovas superluminosas. Estos estallidos pueden brillar al menos 10 veces más en luz visible que las supernovas ordinarias. Hasta ahora, los astrónomos solo tenían pistas de qué las alimentaba. La detección de Fermi podría haber zanjado el debate.
Una señal de rayos gamma desde el espacio profundo
SN 2017egm estalló en la galaxia NGC 3191, ubicada en la constelación de la Osa Mayor. Incluso desde esa enorme distancia, sigue siendo una de las supernovas superluminosas más cercanas jamás observadas desde la Tierra.
Un equipo internacional de investigación liderado por Fabio Acero en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y la Universidad de París-Saclay analizó 16 años de datos del Telescopio de Gran Área de Fermi. Se centraron en las seis supernovas superluminosas más cercanas visibles durante la misión. Solo SN 2017egm mostró evidencia de rayos gamma.
Guillem Marti-Devesa, investigador anteriormente en la Universidad de Trieste en Italia y ahora en el Instituto de Ciencias del Espacio en Barcelona, España, dijo que la detección confirma pistas anteriores de que algunas supernovas pueden ser tan luminosas en rayos gamma como en luz visible. Los hallazgos fueron publicados en la revista Astronomy and Astrophysics.
Un motor magnetar en acción
Las supernovas de colapso del núcleo ocurren cuando una estrella masiva se queda sin combustible. Su núcleo colapsa por la gravedad, desencadenando una violenta explosión. Dependiendo de las condiciones, el colapso deja atrás una estrella de neutrones o un agujero negro.
En el caso de SN 2017egm, los científicos creen que el remanente es un magnetar: una estrella de neutrones que gira rápidamente con campos magnéticos tan potentes que pueden sobrealimentar la explosión desde dentro. Este magnetar, formado durante el colapso de la estrella, explicaría por qué la supernova se volvió extraordinariamente brillante.
Durante casi 20 años, los astrónomos buscaron en los datos de Fermi señales de rayos gamma de miles de supernovas. Aparecieron algunas pistas intrigantes, pero ninguna fue definitiva hasta ahora.
Lo que esto significa para entender las explosiones cósmicas
Fermi es parte de la red de observatorios de la NASA diseñados para rastrear eventos cambiantes en todo el universo. Esta detección abre una nueva ventana para estudiar las supernovas superluminosas y los objetos exóticos que las alimentan. Al confirmar que los rayos gamma pueden emitirse años después de la explosión inicial, los investigadores ahora tienen una nueva herramienta para sondear el funcionamiento interno de las muertes estelares más extremas del cosmos.