Dos de los telescopios espaciales más potentes de la humanidad se han asomado a una densa bola de estrellas que es esencialmente un fósil de los caóticos primeros días de la Vía Láctea. Los telescopios Webb y Hubble de la NASA revelaron juntos nuevos detalles sobre este cúmulo relicto, ofreciendo una visión más nítida de una estructura que ha sobrevivido desde que nuestra galaxia aún se estaba formando.
Una bola de nieve abarrotada de estrellas antiguas
El objeto en cuestión es un cúmulo globular, una colección esférica y densamente empaquetada de cientos de miles de estrellas. Situado en la Vía Láctea, este cúmulo en particular es tan denso en estrellas que las imágenes del Webb y el Hubble lo muestran parecido a una bola de nieve recién agitada. El fondo negro del espacio está cubierto por miles de pequeños puntos de luz blanca, naranja y azul, con las estrellas más concentradas en el centro formando un orbe aproximadamente circular. Varias estrellas naranjas más grandes cerca de los bordes del encuadre muestran prominentes picos de difracción, una firma de la óptica del Webb.
Lo que encontraron los telescopios
Al combinar observaciones de ambos telescopios, los astrónomos pudieron estudiar la población estelar del cúmulo con mayor detalle que nunca. Los datos revelaron la historia de la formación y evolución del cúmulo, mostrando cómo ha cambiado a lo largo de miles de millones de años. El cúmulo se considera un relicto de la formación de la Vía Láctea porque contiene algunas de las estrellas más antiguas de la galaxia, preservando información sobre las condiciones que existían cuando la galaxia se estaba ensamblando por primera vez. La investigación fue realizada por científicos que utilizan los telescopios espaciales Webb y Hubble de la NASA, con hallazgos publicados a través de la dirección de misiones científicas de la NASA.
Por qué esto es importante para la gente en la Tierra
Para astrónomos y entusiastas del espacio en Estados Unidos y en todo el mundo, este cúmulo ofrece una ventana directa al pasado. Los cúmulos globulares son como cápsulas del tiempo. Albergan estrellas que se formaron antes de que la Vía Láctea adoptara su forma espiral actual, antes de que la mayor parte del gas y el polvo de la galaxia se hubiera asentado en el disco que vemos hoy. Al estudiar este relicto, los científicos pueden poner a prueba sus modelos de cómo se forman y evolucionan las galaxias. La colaboración entre Webb y Hubble también demuestra cómo dos observatorios diferentes pueden trabajar juntos para ver más de lo que cualquiera podría ver por sí solo. La visión infrarroja del Webb atraviesa el polvo, mientras que la nítida vista óptica del Hubble capta detalles finos. Juntos, han dado a los investigadores una imagen más clara de una de las estructuras supervivientes más antiguas de la galaxia.
Este cúmulo ha estado ahí desde antes de que existiera el Sol. Ha orbitado el centro de la Vía Láctea durante miles de millones de años, sobreviviendo a innumerables generaciones de estrellas que desde entonces se han apagado. Ahora, gracias a dos telescopios construidos con décadas de diferencia, los humanos pueden por fin leer su historia.