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Cómo las aves marinas se convirtieron en centinelas del océano para un científico de Terranova

Durante décadas, un biólogo en Terranova, Canadá, convirtió a las aves marinas en sensores oceánicos vivientes. Bill Montevecchi demostró que al observar lo que las aves comían y hacia dónde volaban, los científicos podían ver...

Durante décadas, un biólogo en Terranova, Canadá, convirtió a las aves marinas en sensores oceánicos vivientes. Bill Montevecchi demostró que al observar lo que las aves comían y hacia dónde volaban, los científicos podían ver cambios en el mar que los instrumentos por sí solos no podían detectar.

Aves marinas como recolectoras de datos vivientes

Montevecchi trabajó a lo largo de la accidentada costa de Terranova, un lugar donde la fría corriente de Labrador se encuentra con la corriente del Golfo. Se centró en especies como alcatraces, frailecillos y araos. Estas aves viajan cientos de kilómetros para encontrar comida. Al rastrear sus hábitos de alimentación y éxito reproductivo, Montevecchi y su equipo recopilaron información sobre poblaciones de peces, temperaturas del agua y cambios en las corrientes oceánicas.

Las comunidades pesqueras locales se dieron cuenta. Durante generaciones, los pescadores habían confiado en sus propias observaciones de las aves marinas para encontrar bancos de peces. La investigación de Montevecchi dio respaldo científico a lo que muchos ya sospechaban: el océano estaba cambiando. Cuando las aves marinas tenían dificultades para encontrar capelán, un pez pequeño que es la piedra angular de la red alimentaria del Atlántico Norte, señalaba problemas para todo el ecosistema.

Una carrera construida sobre plumas y peces

Montevecchi comenzó su trabajo en la década de 1970, mucho antes de que las etiquetas satelitales y los sensores oceánicos de alta tecnología se volvieran comunes. Usó métodos simples: observar colonias desde acantilados, contar huevos y polluelos, y examinar los peces que las aves traían de vuelta a sus nidos. Con el tiempo, sus registros se convirtieron en uno de los conjuntos de datos continuos más largos sobre ecología de aves marinas del mundo.

Su investigación reveló que las aves marinas podían actuar como sistemas de alerta temprana. Cuando las temperaturas del océano subían o cuando la sobrepesca reducía las presas, las aves respondían rápidamente. Sus polluelos crecían más lentamente. Los adultos viajaban más lejos para encontrar comida. Algunas colonias se reducían. Estos patrones ayudaron a los científicos a entender la salud del océano de maneras que los estudios basados en barcos no podían igualar.

Por qué Terranova prestó atención

La economía y la cultura de Terranova están ligadas al mar. El colapso de la pesquería de bacalao del Atlántico en la década de 1990 devastó las comunidades costeras. El trabajo de Montevecchi ofreció una manera de monitorear la salud del océano en tiempo real. A la gente local le importaba porque las aves marinas contaban historias sobre los peces de los que dependían. Cuando las aves luchaban, los pescadores sabían que tiempos difíciles podían seguir.

Montevecchi también formó a una generación de jóvenes científicos de Terranova y más allá. Muchos de ellos ahora trabajan en conservación marina y gestión pesquera en todo el mundo. Su enfoque, usando animales como socios en la investigación, cambió la forma en que los científicos piensan sobre el monitoreo del medio ambiente.

Un legado silencioso en el Atlántico Norte

Montevecchi no inventó la idea de que los animales pueden enseñarnos sobre la naturaleza. Pero demostró que se podía hacer de manera sistemática, durante décadas, en uno de los entornos marinos más duros de la Tierra. Las aves marinas de Terranova continúan volando, alimentándose y criando a sus crías. Y gracias a la paciencia de un científico, sus movimientos aún nos cuentan lo que el océano esconde.

Fuente: Mongabay

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