El caballo, un animal ligado desde hace mucho a la civilización humana en Europa y Asia, en realidad apareció primero al otro lado del mundo. El ADN fósil ahora muestra que los caballos evolucionaron en América del Norte y luego cruzaron a Europa a través de China, cambiando la creencia de que se originaron en Asia.
Una historia de origen sorprendente enterrada en huesos antiguos
Científicos analizaron el ADN de cientos de fósiles de caballos recolectados en varios continentes. La evidencia genética apunta a América del Norte como el lugar de nacimiento del linaje del caballo moderno. Desde allí, los caballos migraron a través del puente terrestre de Bering hacia Asia, luego se extendieron hacia el oeste por China y Europa. El estudio, publicado por un equipo internacional de investigadores, usó ADN antiguo para rastrear el árbol genealógico del caballo hasta decenas de miles de años atrás.
Cómo se movieron los caballos de las Américas al resto del mundo
La investigación incluyó fósiles de sitios en Estados Unidos, Canadá, China y varios países europeos. El hallazgo clave es que los caballos no se originaron en las estepas euroasiáticas, como muchos historiadores y arqueólogos habían asumido. En cambio, evolucionaron en América del Norte, cruzaron a Asia cuando el nivel del mar era más bajo, y luego se movieron a través de China antes de llegar a Europa. La gente local en China ha tenido durante mucho tiempo una conexión cultural profunda con los caballos, y este descubrimiento añade una nueva capa a esa historia. Sugiere que los caballos que luego moldearon dinastías chinas, rutas comerciales y guerras vinieron originalmente de un continente que no tenía caballos para la época del contacto europeo.
Lo que esto significa para la historia que creíamos conocer
Este hallazgo no cambia el hecho de que los caballos modernos se extinguieron en las Américas hace unos 10,000 años, solo para ser reintroducidos por los colonizadores españoles. Pero sí reescribe los primeros capítulos de la evolución equina. El estudio confirma que los caballos que los europeos luego trajeron de vuelta a las Américas estaban regresando a su hogar antiguo. Para científicos e historiadores, la evidencia de ADN proporciona un mapa más claro de cómo uno de los animales domesticados más importantes de la humanidad se extendió por el mundo. La historia del caballo, resulta, no comienza en el Viejo Mundo sino en el Nuevo.