Durante años, se ha culpado a los murciélagos como el reservorio natural del virus del ébola. Pero un científico que trabaja en Uganda ahora dice que la evidencia está lejos de ser concluyente, y que el miedo a los murciélagos podría estar causando más daño que el propio virus.
El caso contra los murciélagos no es sólido
El Dr. Brian Amman, biólogo de vida silvestre de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, ha pasado años estudiando murciélagos en Uganda. Le dijo a Mongabay que ningún estudio ha demostrado de manera definitiva que los murciélagos transmitan el ébola directamente a los humanos. El vínculo se basa en evidencia circunstancial: los investigadores han encontrado anticuerpos y fragmentos de ARN viral en algunas especies de murciélagos, pero nunca un virus del ébola vivo e infeccioso. Amman argumenta que otros animales, o incluso fuentes ambientales, podrían desempeñar un papel en los eventos de transmisión.
Por qué las comunidades locales quedan atrapadas en el medio
En Uganda, los murciélagos a menudo son vistos con sospecha después de brotes de ébola y otras enfermedades. Algunas comunidades han destruido refugios de murciélagos o los han matado por miedo. Esto es un problema, dice Amman, porque los murciélagos brindan servicios ecosistémicos esenciales. Polinizan plantas, dispersan semillas y controlan poblaciones de insectos. Perder murciélagos podría perjudicar la agricultura local y la biodiversidad. El científico enfatizó que la solución para prevenir futuros brotes no es eliminar a los murciélagos, sino entender la ecología compleja del virus.
Un llamado a la ciencia, no al pánico
Amman y sus colegas piden más investigación, no más sacrificios. Quieren estudiar cómo se mueve el virus entre las poblaciones de murciélagos y qué condiciones podrían llevar a la transmisión. También destacan la importancia de educar a las comunidades sobre la convivencia segura. En Uganda, donde los murciélagos viven en cuevas y edificios cerca de asentamientos humanos, medidas simples como evitar el contacto directo con heces u orina de murciélago podrían reducir el riesgo sin destruir a los animales.
El mensaje del científico es claro: el miedo no es una estrategia de salud pública. El verdadero trabajo está en entender el mundo natural, no en culparlo.