Johann Wolfgang von Goethe, el gigante literario alemán que murió en 1832, nunca supo que uno de sus especímenes de ámbar contenía una hormiga de 40 millones de años. Científicos que usaron microtomografía computarizada de sincrotrón han revelado ahora tres insectos fósiles escondidos dentro de dos piezas de ámbar sin pulir de su colección personal, incluyendo una hormiga extinta preservada con un detalle extraordinario.
Las rocas olvidadas de un escritor guardaban cápsulas del tiempo vivientes
La colección de ámbar de Goethe, ahora alojada en el Museo Nacional Goethe y gestionada por la Klassik Stiftung Weimar en Alemania, contiene 40 piezas de ámbar báltico. Dos de esas piezas nunca habían sido pulidas, lo que hacía que su contenido fuera casi invisible a simple vista. Investigadores de la Universidad de Jena decidieron echar un vistazo más de cerca. Llevaron los especímenes al Sincrotrón de Electrones Alemán (DESY) en Hamburgo, donde usaron tecnología avanzada de escaneo 3D para mirar dentro de la resina de árbol fosilizada. Los escaneos revelaron tres insectos: un mosquito fungoso, una mosca negra y una hormiga antigua.
Un fósil de ámbar común se convierte en una ventana científica rara
La hormiga pertenece a la especie extinta Ctenobethylus goepperti, un tipo de insecto que aparece con frecuencia en el ámbar báltico. Pero este espécimen es diferente. Como el ámbar nunca fue pulido ni cortado, la hormiga se mantuvo excepcionalmente bien preservada. Los escaneos mostraron finos pelos corporales en la hormiga obrera y permitieron a los investigadores ver estructuras esqueléticas internas dentro de su cabeza y tórax. Esos detalles nunca se habían documentado tan claramente antes. El equipo también creó una reconstrucción digital 3D completa del fósil, que pusieron a disposición en línea para que otros científicos la estudien y comparen.
Los investigadores compararon la hormiga antigua con el género moderno Liometopum, que vive hoy en América del Norte y partes más cálidas de Europa. Esas comparaciones sugieren que la especie extinta probablemente construía grandes nidos en los árboles. Ese comportamiento puede explicar por qué las hormigas se encuentran tan a menudo atrapadas en ámbar, ya que la resina de los árboles habría goteado directamente sobre sus nidos.
Lo que el pasatiempo de un poeta ahora le revela a la ciencia
Goethe coleccionaba ámbar como parte de su interés más amplio en la historia natural, pero nunca vio lo que había dentro de estas dos piezas. Más de 190 años después de su muerte, la tecnología de imagen moderna ha convertido sus especímenes olvidados en una fuente de nuevo conocimiento biológico. El descubrimiento muestra que incluso las colecciones de fósiles bien estudiadas pueden seguir guardando sorpresas cuando se examinan con herramientas nuevas. Las estructuras internas preservadas de la hormiga ofrecen una imagen más clara de la vida en los bosques antiguos, y el modelo 3D de acceso abierto les da a los paleontólogos de todo el mundo un nuevo punto de referencia para identificar fósiles similares.