Un bosque que luce frondoso pero funciona como un pueblo fantasma está siendo repoblado animal por animal en Río de Janeiro, Brasil. Conservacionistas están reintroduciendo especies nativas en el Parque Nacional de Tijuca, un extenso bosque urbano que perdió la mayor parte de su fauna hace generaciones. El objetivo no es solo traer de vuelta animales individuales, sino restaurar los roles ecológicos que alguna vez cumplieron.
Un bosque lleno de árboles pero vacío de fauna
El Parque Nacional de Tijuca abarca casi 40 kilómetros cuadrados de Bosque Atlántico regenerado dentro de Río de Janeiro. Fue reforestado en el siglo XIX después de que las plantaciones de café despojaran las laderas. Pero aunque los árboles regresaron, los animales no lo hicieron. Los grandes dispersores de semillas, los frugívoros y los depredadores desaparecieron. Los ecólogos llaman a esto un "bosque vacío". Los árboles estaban, pero faltaba la red de vida que sostiene un ecosistema saludable.
Una especie a la vez, los animales regresan
Un grupo llamado Refauna lidera el esfuerzo desde 2010. Empezaron con agutíes de rabadilla roja, pequeños roedores que entierran semillas y ayudan a regenerar los árboles. Luego llegaron los monos aulladores marrones, que esparcen semillas por el bosque mientras se mueven. Les siguieron las tortugas de patas amarillas y los guacamayos azul y amarillo. Cada especie fue elegida por un trabajo específico en el bosque. Los agutíes, por ejemplo, son los únicos animales que pueden romper las nueces duras de ciertas palmeras. Sin ellos, esas palmeras no pueden reproducirse.
Por qué a los locales les importa un parque reforestado
Tijuca no es un área silvestre remota. Está en medio de una ciudad de más de seis millones de personas. Los residentes recorren sus senderos, visitan sus cascadas y respiran su aire. Pero durante décadas, el bosque se sentía silencioso. El regreso de los monos aulladores, cuyos llamados se escuchan a kilómetros, ha cambiado eso. Ahora los locales escuchan al bosque despertarse. El parque también proporciona agua limpia y temperaturas más frescas para la ciudad. Un bosque funcional hace más que verse bonito. Funciona.
El proyecto ha enfrentado desafíos. Algunos animales reintroducidos han muerto por enfermedades o atropellos. Otros han tenido dificultades para encontrar suficiente comida. Pero el equipo sigue ajustando. Monitorean a cada animal con collares de radio y cámaras trampa. Plantan árboles frutales para complementar la dieta de los guacamayos liberados. El trabajo es lento y costoso. Pero la alternativa, dejar el bosque vacío, significa verlo degradarse lentamente.
La reforestación de Tijuca muestra que restaurar un bosque no es solo plantar árboles. Se trata de volver a juntar las piezas hasta que el sistema funcione por sí solo. El parque nunca será lo que era antes de que llegaran los humanos. Pero puede ser algo cercano. Un bosque vivo, no solo uno verde.