Una ráfaga de radio solar rutinaria en agosto de 2025 se negó a parar. Duró 19 días seguidos, rompiendo el récord anterior de cinco días y dejando a los científicos de la NASA buscando respuestas.
La señal pertenecía a una categoría llamada ráfagas de radio Tipo IV, que son producidas por electrones energéticos atrapados dentro de los campos magnéticos del Sol. Aunque las ondas de radio en sí son inofensivas para la Tierra, las mismas condiciones magnéticas pueden desencadenar erupciones solares que envían partículas peligrosas hacia nuestro planeta. Esas partículas pueden interrumpir satélites y naves espaciales, por lo que los científicos prestan mucha atención.
Una flota de naves espaciales rastreó la señal a través del sistema solar
Los investigadores no dependieron de un solo telescopio. Combinaron observaciones de la misión STEREO de la NASA, la Parker Solar Probe y la nave Wind, además de la Agencia Espacial Europea y la Solar Orbiter de la NASA. Debido a que el Sol rota, cada nave captó la ráfaga cuando aparecía en su campo de visión durante el período de 19 días. Juntas, dieron a los científicos una visión continua de un evento que debería haberse desvanecido mucho antes.
La fuente era una estructura magnética llamada streamer de casco
Usando datos de STEREO, el equipo desarrolló una nueva técnica para identificar el origen de la señal. La rastrearon hasta una estructura magnética masiva en la atmósfera del Sol conocida como streamer de casco. Los científicos creen que tres eyecciones de masa coronal de la misma región pueden haber mantenido viva la ráfaga. Esas explosiones liberan nubes de partículas cargadas y energía magnética al espacio, posiblemente alimentando la emisión de radio día tras día.
La gente local en Estados Unidos, donde tiene su sede la NASA, tenía poca razón directa para preocuparse. Pero el evento importa a cualquiera que dependa de satélites para comunicaciones, navegación o pronóstico del tiempo. Una mejor comprensión de las ráfagas de radio solar de larga duración podría ayudar a mejorar las predicciones del clima espacial y proteger la tecnología en órbita.
Los hallazgos fueron publicados en la revista Astrophysical Journal Letters. Dan a los investigadores una nueva forma de reconocer estas señales persistentes en el futuro y una imagen más clara de lo que el Sol es capaz de hacer.