La Tierra tiene un grupo de acosadores cósmicos. Conocidos como coorbitales, estas pequeñas rocas orbitan el Sol al mismo ritmo que nuestro planeta, tardando exactamente un año en completar una vuelta. Los astrónomos han debatido durante mucho tiempo si son asteroides errantes del cinturón principal entre Marte y Júpiter o fragmentos expulsados de la Luna por impactos. Un nuevo estudio publicado en Icarus apunta fuertemente hacia el cinturón de asteroides, y una nave espacial está en camino para resolver la cuestión de forma definitiva.
Un misterio rocoso familiar que divide a los astrónomos
Los coorbitales comparten una resonancia de movimiento medio 1:1 con la Tierra, lo que significa que mantienen el ritmo con nosotros sin chocar nunca. Durante años, la teoría principal sostenía que llegaban desde el cinturón principal de asteroides. Pero el análisis espectral complicó ese panorama. Las firmas de luz de estos objetos se parecían más a silicatos lunares erosionados por el espacio, el mismo material que compone la superficie de la Luna. Ese hallazgo provocó una división entre los investigadores. Algunos argumentaban que los coorbitales eran restos lunares expulsados. Otros insistían en que el cinturón era la fuente más plausible.
Nuevos datos inclinan la balanza hacia el cinturón de asteroides
Los investigadores Elisa Alessi y Robert Jedicke realizaron un nuevo análisis utilizando datos espectrales y dinámica orbital. Sus resultados, publicados en Icarus, proporcionan fuertes indicios de que el cinturón principal es el origen probable. La coincidencia con los silicatos lunares, sugieren, podría ser una casualidad o el resultado de procesos similares de meteorización espacial. El estudio no afirma certeza, pero desplaza el peso de la evidencia lejos de la Luna. A los astrónomos locales y científicos planetarios les importa porque la respuesta cambia la forma en que entendemos la historia del vecindario de la Tierra y la llegada de material desde otras partes del sistema solar.
Una nave espacial dará la respuesta definitiva
El debate no durará mucho más. Una nave espacial ya está en camino para estudiar estos objetos coorbitales de cerca. Sus observaciones proporcionarán datos definitivos sobre su composición, resolviendo si son vagabundos del cinturón de asteroides o fragmentos lunares. Hasta entonces, el nuevo estudio ofrece el caso más sólido hasta ahora de que los compañeros constantes de la Tierra no son pedazos de nuestra propia Luna, sino visitantes de más lejos. Los hallazgos nos recuerdan que incluso partes familiares del sistema solar aún guardan preguntas básicas, y que las respuestas suelen estar a solo una misión de distancia.