Las patas del rover marciano europeo se desplegaron en menos de un segundo, un momento fugaz que podría decidir el destino de toda una misión. En una instalación de pruebas en Turín, Italia, los ingenieros observaron cómo las cuatro patas de aterrizaje de un modelo a escala real de la plataforma de aterrizaje del ExoMars se colocaban en su posición, no una a una, sino en dos pares rápidos. El despliegue utilizó actuadores no explosivos, una elección de diseño que mantiene el mecanismo simple y seguro durante el viaje por el espacio profundo.
Un ensayo general de alta velocidad para el aterrizaje
La prueba, realizada en las instalaciones de Thales Alenia Space en Turín, simuló la secuencia exacta que seguirá la nave espacial cuando llegue a Marte en 2030. Las patas, que permanecen plegadas contra la nave durante el largo viaje, están diseñadas para desplegarse automáticamente justo después de que se desprenda el escudo frontal. En las imágenes, las patas se mueven en dos pares secuenciales, completando toda la acción en menos de un segundo. El modelo utilizado en la prueba replica la estructura y las dimensiones de las patas reales que volarán a Marte, dando a los ingenieros una vista previa fiel de cómo se comportará el hardware.
Quién construyó las patas y por qué son importantes
Thales Alenia Space lidera el lado industrial de la misión ExoMars, mientras que Airbus proporciona la plataforma de aterrizaje. Pero las patas en sí provienen de una empresa española llamada Sener, que las diseñó y construyó. Para los equipos locales en Turín, esta prueba fue más que una verificación de rutina. Fue un hito crítico para la misión del rover Rosalind Franklin, que tiene como objetivo colocar un rover en la superficie marciana para buscar signos de vida pasada. Las patas de aterrizaje son parte de un trío de sistemas, junto con los paracaídas y los motores, que reducirán la velocidad del descenso de la nave y asegurarán un aterrizaje suave en un planeta conocido por su terreno traicionero.
Un pequeño paso para el hardware, un gran salto para la misión
La prueba de despliegue exitosa acerca la misión un paso más al lanzamiento, pero también resalta la delicada ingeniería requerida para aterrizar en otro mundo. Cada componente, desde los actuadores hasta las articulaciones de las patas, debe funcionar perfectamente después de años en el duro entorno del espacio. La prueba en Turín dio a los ingenieros confianza en que las patas harán su trabajo cuando llegue el momento. Con el aterrizaje en 2030 aún a años de distancia, el equipo de la misión continúa verificando cada detalle, sabiendo que en Marte no hay lugar para segundas oportunidades.